domingo, 27 de abril de 2008

Childrenhood.

Quienes me conocen, y saben el baile que bailo, lo entienden muy bien: no me gustan los niños. Dentro de las muchas cosas que del mundo no tolero, entre ellas las cortinas de regadera abierta y el olor ácido de la tinta de bolígrafo, se encuentran los púberes menores de doce años -y algunos otros tantos que, ya en sus veinte, no han superado los pañales y los biberones-.
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No, no es que esto sea parte de mi amargue natural. Entre las cosas que no tolero amparadas por mi amargue natural, se encuentran las hojitas flotantes de las albercas cristalinas y el olor a alcantarilla destapada. ¿Ven?, es la misma psiquis pero no es igual. Porque, en todo lo demás, no tengo graves problemas con el mundo -?-
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Y los niños son cosa de otro saco. Los veo, me río de sus ocurrencias insospechadas... y ya. Fuera de eso no esperen que ande buscándoles la mirada, ocasionándoles la sonrisa o provocándoles el gusto de burlarse de mí. Me dicen mis informante que ya la pare, que ya fue mucho de andar diciendo por qué la existencia del púber no me es recomendada como causal de salud.
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Y tienen razón, pero el problema es que a los niños los admito como futuros hombres de bien y así, nada más así, los mastico pero no los trago. ¿Alguien ya pensó lo que ensucian, lo que hacen del baño, lo que duermen mientras todos trabajamos, lo que ríen, lo que burlan, las autoestimas que rompen? No, no hablo por mí, no en esto último, pero sí tengo puños de amigos que no se pueden considerar aún a sí mismos individuos completos por los traumas de niñez que acarrean representados en epítetos como "La bola", "La foca" o "El tronchatoro".
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¿Y todo esto para qué si ni siquiera es 30 de abril? Pues porque para el 30 de abril este blog que es mío -y también suyo, si me ayudan con los gastos-, estará cumpliendo sus 100 entradas y encontraré en ese hecho una razón más de peso para celebrar que el Día Internacional del Niño.
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Pero no me lo tomen a mal. No todos los niños entre los niños posibles me son intolerables. Admiro a los que construyen de la mano de sus padres un México -y un mundo, un mundo de Méxicos- mejor; añoro a los que entienden que civilidad y educación son la base para sus vidas si en abundancia y felicidad desean vivirlas; abrazo a los que miran el mundo con la ilusión de creer, de querer, de poder; apoyo a los que van entendiendo, con margen en lo que sus agudísimas y progresivas mentes les permiten, que esto de la vida es paso a paso y duro que dale. Fuera de esos tipos de niños, a los berrinchudos ni me los acerquen, a los escandalosos bórrenlos del mapa, a los uraños... ¡slam! -Mi buen amigo Ata ya se encargará de esa cuestión-.
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¿Que para qué tanto niño? Para escribir algo, para expresar algo, para subirle el volumen al baile.
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¡Salud!
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PD: Respecto a la imagen de Mafalda y sus amigos con que he coronado esta entrada: ¡más niños como ellos, padres del mundo!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

¡Nombre!, si hay cada personitafuturodeMéxico, como la Paticuentachistes que está para las mentadas, más puesta que nuestro gober trazas de monaguillo.