sábado, 26 de abril de 2008

Casarse está en serio.

Nostradamus lo dijo, Isaías lo predijo y nosotros, que no nos animamos todavía a renegar del destino, fuimos obedientes a estorbar como testigos: la mayor de mis hermanas, que por azares del destino -o dominio materno- se llama igual que mi mamá, osea que las dos tienen nombres de flor silvestre, perla del océano, se casó hoy por el civil -¿qué hay de otra?- en una ceremonia de lo más privada y all inclusive.
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Y como todos ya lo veíamos venir y nadie se animaba a parar el golpe, digo, por aquello de que el carro de mi hermana terminó como lata pateada al intentar detener uno, pues muy sonrientes mejor nos dispusimos a firmar hojas a lo menso. Yo, que pregunté si podía llevar un sello con mi firma -"es que quiero evitar la fatiga", decía Jaimito El Cartero-, y que recibí por toda respuesta una mirada incriminatoria -y conminatoria- de la oficial del registro civil, me vi obligado a firmar, como testigo de mi hermana, sopetecientos folios -yo no sé quién quiere tanta copia, ni que fueran esténciles de billetes-, leer sopetemiles de párrafos y al final, ya medio mareado, vomitar sobre sopetedecenas de tinteros.
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¿Y que por qué no se arrepintieron con todo y el choque? Porque los trámites y papeleos duraron desde enero a la fecha. Tuvieron que llevar constancia de vida de los "contratantes" -en la jerga legal, término que refiere a los novios-, los padres de los contratantes, los hermanos de los contratantes, los testigos de los hermanos de los contratantes, las mascotas de los contratantes y la pila bautismal -original y dos copias- de los contratantes, ello sin contar el curso civil matrimonial, el examen prenupcial, el seminario de sexualidad en la pareja y el ensayo sobre el código civil del Estado de Jalisco que el Juez les encargó.
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Pero valió la pena. Mi hermana y su novio -que tiene un apellido muy aromático y sonoro, bien tropical-, salieron del registro casados, felices y hambrientos. Y como la panza es antes que cualquier decisión conyugal, el primer acto oficial del recién formado matrimonio fue declarar inaugurada la ingesta multitudinaria de cantidades orgiásticas y apocalípticas de alimento, osea, la tragazón.
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Por aquello de que a nuestra familia le encanta armar peregrinaciones, nos trasladamos todos, incluída la nuevo miembro, Mi Arandera, a un restaurant de mucho caché -y ceros en la cuenta- para atascarnos de maricos, pescados y lo que se nos pusiera enfrente.
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Mi hermana la menor, que no se ha casado pero en esas anda, amenazó con acabarse los totopos de todos si la orden no llegaba de volón. Su novio, que tiene apellido de marca regional de chocolate en tableta, la miró con consideración, en un gesto que a mí me pareció más bien cercano al : "Dios, ¿y con esta viviendo bajo mi techo pretendo llenar mi refrigerador?"
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Mi Arandera se la pasó de lujo, yo, como siempre, insistí en el hecho de que la familia es la base de la sociedad -les juro que no bebí-, y mi mamá, que es medio extraña cuando toma Sol 2 -criada en Jalisco, ¿edá?-, me llamó "patán", esto para beneplácito de Mi Arandera que no sufre para nada cuando le maltratan a su novio, antes bien se relame los bigotones y finge demencia. Ya qué, sufro.
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Me dicen mis informantes que les hable de Emilio "La Monja" González Márquez, quien ya volvió a meter la pata y esta vez hasta madres mentó. Pero no, no lo haré porque este blog, con el esfuerzo de muchas comas, es decente y precavido -?-, y no anda divulgando palabrotas ni incluyendo sandeces -? otra vez- en sus entradas. Además, claro está, para hablar de Emilio basta una palabra: ineptitud. No, que no frieguen a sus mamis los del PAN -mis suegros militan y son personas muy decentes y a todas luces respetables-. Que vayan a humillar a sus progenitoras, eeeso sí, el inepto y sus zánganos rascuaches. Ya dije.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Pos felicidades la Margarita, de mi parte, que no se te olvide, y ¿qué son maricos?