viernes, 18 de abril de 2008

Bang!

Tan bizarro como tétrico. Así podría definir el suceso que mi informante mayor -sí, para más control de la situación hemos establecido niveles jerárquicos. Esperen próximamente los Óscares del Informante 2008- trajo hasta mí en bandeja de papel y tinta. No, miento, de hecho lo hizo de viva voz. Y es que le sorprendió tanto la cuestión que a duras penas pudo articular palabra para entretenerme con la narración oral del suceso.
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Resulta que a un poco conocido expendio de tacos del municipio de Zapopan, llegaron dos sujetos con harta hambre -bueno, eso suponemos porque pidieron seis de buche y seis de lengua cada uno- y muchas ganas de comerse un taco. Y pues que se sientan, les sirven su orden y destapan su refresco. Y en eso, como salida de la nada, se estaciona afuera del local una camioneta último modelo, placas no especificadas, de la cual descienden con mucha calma tres felices sujetos -bueno, eso suponemos porque nadie vio que trajeran jeta de pedo en bolsita (gracias a mi estimadísimo Meromerosaborranchero por el referente)-. Y pues que se acercan a los comelones recién llegados y, sin mucho esperar, le arremente a uno de ellos seis limpios balazos en distintas zonas vitales.
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Los de la camioneta salieron por la misma puerta en que entraron, tomaron un taxi y huyeron de la escena. El amigo del tragón asesinado, simple y sencillamente, corrió. Lo curioso del dato es que, mientras el cuerpo del balaceado se desangraba en la parte posterior del local restaurantero, la dueña, sumamente calmada, atinó a exclamar al resto de comensales que amenazaban con irse sin pagar la cuenta: "¡La vida sigue, la vida sigue! Todos tomen sus platos y sigan comiendo afuera en lo que limpio el cochinero"
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Pienso en lo que habrá pensado el pobre muerto -o el alma del mismo, si creemos en esas cosas- al escuchar a la señora taquera hablar de esa forma. Para empezar, porque la vida sigue para todos menos para él, y, para terminar, porque realmente la cocinera esperaba que tras el suceso todo el mal buche se lo pasaran los presentes con un traguito de Coca.
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Pienso en la escena de un muerto llamado "cochinero", muchos comensales hambrientos y asustados, y una taquera gorda y coda diciendo que la vida sigue, con muerto, hambrientos y dineros. Pienso en la escena y me digo: no cabe duda, México no cambiará conmigo, sin mí, o a pesar de mí, con los millones que somos, sin los millones que somos o a pesar de los millones que somos. Esto es folklore, somos folklore, folklore bizarro.
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¡Salud!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

"El Muerto al pozo y el vivo al gozo".

Wendy Piede Bello dijo...

Negocios son negocios, Agus. Esto se pone bueno, Puerquísimo se caso con el tipo gay de los videojuegos. No hay moral, tan machín que se veía el primo cercano de porqui.