lunes, 3 de marzo de 2008

Tres colores blanco.

Como verán, escribo este blog ya muy entrada la noche. Me senté en la computadora hace tres horas y es tiempo que no aparece en mi cabeza un solo tema. Estoy en blanco. Blanco como la espuma que deja el mar al abandonar la arena, o blanco como el uniforme especial de la Selección Mexicana. Blanco como los comerciales de jabón Dove o las páginas de los libros.
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Por eso, porque hoy mi mente está en blanco y yo necesito escribir, sé que lo necesito, voy a escribir en blanco. Esta entrada será, entonces, o precisará serlo, un homenaje al más insípido de los colores, pero al mismo tiempo el que más vida le da a los demás. Blanco que te quiero blanco.
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El primer recuerdo en blanco que tengo es el de un gigantesco mantel que cubría una gigantesca mesa en la casa de mi abuela materna, en Culiacán, Sinaloa. Tejido a mano por ella, tenía formas tan diversas y atractivas que yo no me cansaba de verlo, de meter mis inconsistentes dedidos entre los hilados y sentir cómo cada unión del mantel atrapaba mi mano. Recuerdo haberme sentido impávido ante la sola idea de no poder salir jamás de aquella red, de quedar hundido para siempre en todo ese mar de blanco. Jalaba y jalaba los rombos y círculos que con esmero mi dedicada abuela había tejido. Jalaba y jalaba hasta que el mantel cedía a la presión de mis manos y se desgarraba en un largo hilacho. No podía evitar sentir una extraña mezcla entre felicidad y tristeza al contemplar mi obra: el blanco ya no me tragaría, pero lo había exterminado. Había acabado con su blanquizca existencia. Lo había reducido a ningún color.
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El siguiente recuerdo en blanco tiene que ver con el suelo de un hospital. No sé qué hacía ahí, pero el blanco me rodeaba. No era sólo el suelo, aunque fuera la región blanca que más yo mirara: había blanco en las paredes, las camas, las batas de los doctores y las cofias de las enfermeras. Era blanco el barandal de la cama, los tubos de respiración, los tapabocas. En un suspiro el recuerdo se va. Sé que he estado ahí, sé que sufrido en mitad del blanco, pero por alguna razón no logro recordar con precisión la escena ni sus circunstancias. Blanco me quedo ante el blanco entonces.
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El recuerdo blanco más cercano que tengo es el de estas letras quedando sobre el fondo blanco del computador. Las imagino brincar, decir lo que yo no he querido o hablar menos de la cuenta. Las imagino riéndose de mí, de tanto blanco, de mí pensando en tanto blanco. Después de todo, creo yo, para una entrada blanca hacen falta letras del mismo color.
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Blanco, me dicen mis informantes, es la combinación de todos los colores de la escala de ondas luminosas. Osea que blanco es uno y todos. Para buscar imágenes para esta entrada, he abierto una página que dice: "Página en blanco". ¡Oh, dulce inspiración convertida en luz!
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Hoy, lunes, he recibido noticias blancas, negras y de todo color. Las unas me llenan de gozo, las otras me hacen reconsiderar nociones y replantear aspectos. Pero como ando positivo, diré que hoy, lunes, ha sido un día blanco, y blanco debe quedarse para bien del resto de la semana, que seguramente será de más colores.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Te pusiste poético. Que bonito. Love is the air.