martes, 4 de marzo de 2008

¡Seguridá!

No es que últimamente ande distraído... es que la distracción es, desde que la memoria medio acompaña mis procesos mentales, mi modus vivendi. Usualmente tengo que poner mucho de mi empeño en concentrarme en algo en verdad importante o necesario, útil, pues si no pongo de mi parte la vida, el mundo y la ocasión se me van volando. Hoy, como en todos los días de mi vida, no fue la excepción. Aunque hubiera preferido, en verdad, distraerme que escuchar.
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Y escuché. Mientras dos célebres y extraños personajes, provenientes del Comité de Alumnos del Área de Estudios Históricos y Humanos de mi universidad, visitaban mi salón para recabar las firmas de quienes estuvieran en contra del alza al precio del transporte público urbano -yo entre esos "quienes", claro está-, una de mis compañeras, cuyo nombre no mencionaré porque me es irrelevante, alzó la mano y tomó la palabra -ájalas, la palabra no sólo se habla, sino que aveces, además, se toma. Versatil la niña, versatil-.
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Y habló. Pidió a los representantes del Comité hicieran pronta y espedita campaña contra una decisión que, a su parecer y el de muchos de mis compañeros, atenta contra la autonomía universitaria: la contratación de una empresa de seguridad privada para resguardar el campus. Los del Comité, por obvias razones que por seguridad -aprecio la integridad de mis órganos y extremidades- no obviaré aún más, hicieron gala de su "facilidad" para arreglar los asuntos propuestos de improviso por los alumnos, se miraron mutuamente y atinaron, cual experimentados políticos, a opinar unánimemente: "Algo haremos".
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La voz calamitosa fue general. Casi nadie parece estar de acuerdo, y, los que no están del todo convencidos, tambalean sus agobiados criterios entre dar el sí o negar su apreciación. Lo que es un hecho es que en las puertas de la universidad hay policías -"polecías", dirían los del Comité- cuidando -o algo así harán- la seguridad -o algo así cuidarán- de los alumnos -o intereses parecidos-.
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Yo tengo mis dudas. Como diario, tengo mis dudas. Son dudas preciosas, relucientes, dadivosas, enteritas, nuevas de paquete. Tengo mis dudas porque soy escéptico los días que ando de buenas -los días malos ni siquiera me preocupo por pensar, me coloco en contra y ya-. Mis dudas me zuzurran, me dicen cosas al oído, bajito, que me limito a escuchar como no queriendo. Mis dudas me miran desde el marco de la ventana y sonríen apesadumbradas, temiendo por el final de mis verdades. Verdades que no llegan.
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¿Cuánto dinero recibe la FEU para sobrellevar sus actividades? ¿Me van a decir que sus papeleos, marchas y mítines se pagan solos, como por arte de magia? Porque yo, al menos, no he visto feuistas vendiendo churros con limón en las calles, ni promoviendo boletos para rifar minicomponentes o lavadoras. Alguien les da dinero y, si mis informantes estuvieran presentes, probablemente ya me habrían dicho que todo ese malavar económico lo hace la Universidad. Temo por ello. Temo porque organismos como la FEU sorben presupuesto público que bien podría pagar el sueldo de los policías que, en las entradas, nos están comiendo el presupuesto a los alumnos.
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¿O pagar aulas de computación que terminarán por ser rayadas -"El Bomba rifa", "Abajo el neoliveramismo", "Muerte al retor"- o disfuncionales -ya me vi saliendo del recién inaugurado salón porque tronó un transformador- ante el asedio de los seudoestudiantes-rata-lacra-fósil que abundan en nuestros pasillos, que pululan en nuestros salones? ¿O pagar acondicionamiento de aulas que en poco tiempo los mismos seudoestudiantes-rata-lacra-fósil arruinarán por parecerles "demasiado popis"? ¿O qué tal pagar el nuevo campus, que nos está esperando al noroeste de la ciudad con las vigas abiertas, la mirada hacia el auditorio que le quitó la gloria y con su construcción detenida entre azulinstitucional y buenas nochesburocracia? No, si las cuentas son largas... y los pesares más.
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Yo por eso propongo que los guardias se queden. No es que me sienta más seguro de tenerlos ahí, paradontes, devorándose en sus lonches de pierna y tocino mis seiscientos semestrales (risas). Es que, de tenerlos ahí a tenerlos en las calles rogando por mordida... ¡viva la Universidad que le da guarida a seudoprofesionistas del mañana y a guardias corruptos por igual! ¡Viva nuestra dolida -pero propia y autónoma, autonomísima- Arca de Noé!
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Agus, pon mucha atención: la policiía privada, no pide mordidas. Y en vez de gastar en esos Jefes Gorgorí, deberían de solucionar todas esas fallas que tú mencionaste. Tienes que hablar con la Revo para que te haga cocowash, jajajaja, digo apra que te convenza con sus sólidos argumentos.