lunes, 31 de marzo de 2008

¡Premio Mayor, Premio Mayor!

Me ven aquí porque ya es lunes. Y con el lunes hay -¿ya?- que volver al trabajo, a la refriega, la cotidianeidad y la temida -y resultante de todo lo anterior- decidia. En lo que va del día, ya me negué a devolver tres telefonemas y ya me volvieron a hablar diez veces. No le debo a nadie -gracias al Cielo y a mis bien llevadas finanzas (¿o será acaso a mi miedo a pedir prestado?)-, pero como que los lunes a la gente le entran férreas e inexplicables ganas de buscarlo a uno. Y como es lunes y los negocios andan bien, y más por la fuerza -y el profundo deseo que tenía- de estar aquí que por las ganas de hablar de las "metidas de patas" de otros -como si no bastara con las mías-, tocaré el tema escabroso de esos 90 millones de pesos que salieron de mis bolsillos -bueno, unos pocos de esos muchos- y fueron a parar a los de la Iglesia Católica en Guadalajara. Nadie sabe, nadie supo.
.
Sí, leyeron bien. Espero ya lo supieran desde antes, porque me choca pero me choca dar malas noticias. En días pasados, en un arrebato de felicidad extralimitada, nuestro Siñor Gobiernaconlacolador Emilio González "La Monja" Márquez, decidió, nomás porque andaba feliz y amaneció contentito el muchachito, donar 90 millones de pesos -¡qué caritativo!- al patronato de construcción del Santuario de los Mártires, que será, según eso, un templote que, subidote en un cerro que hay por estos lares, rendirá gloria a Dios -"¿Y yo por qué?", ha de estarse preguntando-, sus arcángeles y potestades, al tiempo que generará -aquí lo interesante, como para proponerlo pa' categoría de juego en Jeopardy- turismo religioso -sí, chuca, ¿y tu nieve?-
.
¿Y de dónde, además de mis bolsillos, salieron esos 90 millones de pesos? ¿Quién pompó? Ah, pues según "La Monja" Márquez, de unos ahorritos que hizo en la administración -¡ay, tan lindo, dio los centavitos del cambio de la tienda nada más!- Sí, oyó bien. El Siñor Gobiernaconlacolador imprimió durante lo que va de su sexenio en hojas recicladas, puso "economize" en la impresora, engrapó más hojas juntas, mandó menos memos con carpeta beige y, más un abracadabra, ¡voila! obtuvo 90 millones de pesos relucientes y nuevecitos de paquete.
.
La gran pregunta es: ¿Y la Cheyenne, apá? ¡Qué bueno ahorrar noventa millones! Imagínese usted la cantidad de cosas que no podrían hacerse en todo el estado con noventa millones. No, deje de imaginar, de todos modos no nos tocarán. Con noventa millones contruimos escuelas -Agua Negra no tiene la suya. Mi Arandera tuvo que viajar a lomo de mula tres años seguidos pa' estudiar su preparatoria. Eso explica sus... migrañas-, rehabilitamos el Hospitalito que cerró en Zapopan por falta de presupuesto, o, mejor aún, atiborramos de medicamentos indispensables a los tan abandonados centros de salud de todas las localidades rurales del estado.
.
Con noventa millones pagamos muchas máquinas de emodiálisis en el Hospital Civil, y reducimos así la lamentablemente larga lista de espera de personas que necesitan ese tratamiento. Con noventa millones alumbramos, potabilizamos, asfaltamos y alcantarillamos. Con noventa millones damos incentivos a los buenos policías y con noventa millones entramos a las cárceles y rehabilitamos esos centros de miseria, escuelas del crímen. Con noventa millones usted y yo, para acabarla de pensar, nos arreglamos.
.
Pero no. Ya lo decía antes y lo vuelvo a repetir. Esos 90 delos por perdidos. ¿Y poqué? Pues poque a menos que lo atrincheremos y lo obliguemos a hacerlos tener "v" de vuelta, el Gobernaconlacolador no recibirá de nuevo los noventa, ni los treinta que dio como primer pago -osea, hasta diferida fue la cosa-. ¡Nada! Nos quedamos con noventa menos, un Santuario de los Mártires Inútil -el Santuario, que si digo que los Mártires se me viene el mundo, con todo y madre, encima-, y un seudogobernante calentando -lacrando, diría yo- una silla que otro con mejores intenciones, o mayor cerebro, o menor "caridad cristiana", lo que se diera primero, debería estar ocupando.
.
Yo les propongo a todos los afectados que cuando se inaugure el Santuario vayan y se roben una butaca. Después de todo, si los desauciados de mi licenciatura propusieron en la penúltima Fil robar un libro para protestar por el cobro de la entrada al evento librero, ¿por qué no habremos de tomar una silla, o la tapa de una hurna funeraria, o una cruz, o un vitral, o un aura de una Guadalupana, o un reclinatorio, o lo que sea que equivalga a nuestra parte proporcional de los 90 millones? ¡A que sí!, pues ni al Estado le toca andar dando dinero para obras religiosas, ni al pueblo le queda andarse quedando con los brazos cruzados.
.
Con esta donación, "La Monja" comprueba dos cosas que los jaliscienses ya imaginábamos: puede en él más su religión que el amor a su patria -léase entidad federativa-, y es un estúpido que no necesariamente va a ir al Cielo -mi madre, experta en esos menesteres, ya dijo que nanais-. Yo, me queda esa bendición, no voté por él.
. ¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Sin comentarios. Ni siquiera una cara de emputada, porque con eso del enamoramiento, me viene valiendo madre.