martes, 25 de marzo de 2008

Muerte, emos y otros demonios del Edén.

Para Laura, por los pocos días y las muchas noches.
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Yo no quería, pero las circunstancias me orillaron a esto. Apenas había yo terminado mi primera semana vacacional cuando, al regresar a mi adorada Guadalajara de mi adorado Arandas -¿quién demonios define el sexo de las ciudades?-, me asaltaron las malas noticias, las histerias y las incomprensiones. Y como ante semejante triduo pascual no queda más que escribir, pues mi regreso a este baile se da más pronto de lo que pensé. Ahí disculparán las molestias que esta obra vial de regreso a las andadas les ocasione.
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Comienzo por lo primero, porque lo segundo queda más después. Y aunque no fue la primera noticia que me asaltó al regresar -las noticias sí asaltan, se los juro, cuiden sus oídos y protejan sus carteras de información-, sí fue la más fuerte y por eso la coloco en primer lugar. El día sábado 22 de marzo, cuando iba camino a Guadalajara viniendo desde Puerto Vallarta, una compañera de la secundaria sufrió un percance automovilístico que le arrebató la vida. Parece que en semejante trance fatal se conjugaron diabólicamente la velocidad, la falta de cinturones de seguridad -ojo, señores, ojo, vida poca tenemos y la gastamos en distracciones superfluas-, y el exceso de andantes a bordo del carro. No diré más, por respeto a los deudos de la finada, salvo que semejante noticia me bajó de la nube como ruido al esponjado de la pasta de turrón, obligándome a volver a la realidad y pensar en la poca cosa que es la vida. Si bien dicha compañera nunca fue mi amiga, el hecho de que alguien de mi edad y tan cercano a mí fallezca, levanta hasta al más insurrecto de mis vellos -y bellos- epidérmicos.
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La segunda noticia fue menos cruel, pero igual vale la pena colocarla aquí como scriptum motiv. Los periódicos sin leer de toda la semana pasada que ya me esperaban junto a mi cabecera, tenían entre sus páginas hábiles notas periodísticas en torno a la misma noticia: en distintos lugares del país, niños "emo" han sido durante vituperados, masacrados y lanzados al exilio de las zonas donde suelen verse para reunir sus alaciadas cabelleras. Entre las notas, encuentro la de un psicólogo que afirma no entender muy bien el comportamiento de dicho grupo social, pero que igual lanza un "foco rojo" hacia los padres de los mentados por considerar que su conducta "pesimista, antisocial (un emo sólo se relaciona a lo macho con otro emo) y deprimida, no es más que síntoma de una depresión clínica autoinfringida". Sí, leyó usted bien: el emo no está triste per sé, sino per que quere. ¡Ah, qué la canción!
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Pues sí. Ni a mí me simpatiza mucho eso de andar todo el tiempo tirándose a llorar por lo mal que está el mundo, ni a los punks, darketos y metaleros que los han estado agarrando de puerquitos en día de fiesta por todo el territorio nacional. Pero de eso, de no compartir la ideología de una persona, a agarrarlos como matraca en clásico Chivas-Atlas, hay una gigantesca, abismal, diferencia. Y el debate, según los revoltosillos, están en si son moda o no, en si copian estilo o no, en si "denigran a la pluralida' y la autenticida' del grupo", etc., etc., etc. La cuestión es que siempre habrá quién nos copie y quién haga las cosas justo como a nosotros no nos parece -"No me gusta, no me gusta, no me gusta", decía Doña Naborita en el célebre programa cómico de Los Polivoces-. Pero desperdiciar tanto golpe en eso, cuando estamos faltos de martillazos para construir carreteras y escuelas rurales, me parece un desperdicio siniestro. Ahí se las dejo de refilón.
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La tercera, como es la vencida, la dejamos diario hasta el final. La junta editorial del periódico ayer lunes fue un encuentro cercano del tercer tipo con una directora general agobiada y angustiada. Se nos reclamó de todo -hasta malos para hacer entrevistas salimos-, y nosotros vimos la función calladitos como mapaches hibernando. No quedaba de otra. Si alguien hablaba, sufriría las consecuencias de la angustia de la jefa. Hubo llanto y, al final, terminé con esa extraña sensación de que trabajo más de lo que puedo y nadie aprecia eso. Sí, La Malagueña indistintamente trabaja más que nadie, pero no anda de operador de invetarios a bordo -chalán- de mi madre como yo, así que puede darse el lujo de entrevistar tanatólogos, corretear diputados -diputos, iba a escribir- y elucubrar soluciones políticas a nuestros problemas cotidianos. Por eso se le quiere, por chingona dueña de su tiempo -ya dijo mi mamá que va a proponer su canonización, todo a través del Programa Nacional Haga Patria Beatifique A Su Amiga. Seguiremos informando-.
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Así las cosas, así las situaciones. Yo, por mi parte, regreso a mis letras, mis tareas pendientes y mi camita -la de Arandas está chida, pero hacía falta mi almohada con su mancha de café y mi colcha que huele a Suavitel Esencia de Chile Arrimoso del Desierto (Libre Enjuague, of curs)-. Y como tanto la colcha como las tareas me están esperando, no me queda más que declarar clausurado el período vacacional e inaugurado el de vuelta a las andadas. Si hay algo más que decir, hablaré esta semana. Si no, ahí está próximo el temible lunes para hacerme reaccionar. Ni hablar. Algún día seré muy rico y no tendré que trabajar después de las vacaciones. Sí, chucho, ¿y tu nieve? ¿de agrillo?
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¡Salud! (me regresan, de las 16 que les dejé antes de irme, las que no se usaron ahí luego).

2 comentarios:

Die Wörter des Vagabund dijo...

Aqui vistando tu blog, el cual ya lo visitaba antes, pero nunca me dignaba a comentar... pero ahora ya la situacion es distita... pero en fin.
¿que haremos?? MatarEMOS MatarEmos...jajaja no, los emos son idiotas, pero los que golpean emos tambien... de rato

Wendy Piede Bello dijo...

Sí Agus, algún seremos ricos, apuesto a que será pronto, porque ese trabajito que tenemos si nos está dejando pa' comer y para más...¡ja!