martes, 11 de marzo de 2008

Las tijeras de Pandora.

"Agus, lo siento, lo tenías muy largo, y tuvimos que cortarlo". Ante semejante admonición no queda más que agachar la cabeza y pedir perdón. ¡Ah, claro!, y entregarse al sufrimiento o el disfrute del dolor, lo que suceda primero. Pero, claro está, empezar la semana con semejantes declaraciones lo deja a uno cansado, agotado y frustrado.
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No, no era cuestión del largo de ningún órgano personal o extremidad. Y no, el que me avisó del tan temido corte no fue ni Guillotine ni el creador de las tijeras Barrilito -y siguen existiendo, créanlo o no-. El corte fue a un artículo periodístico -de hecho a dos, pero la cosa en esto de los medios de comunicación se maneja muy a la "no importa cuánto entregues, cuenta por uno"-, y la que me dio pronto y oportuno aviso de él fue La Carlos, que además de ser la novia de mi héroe personal -el buen Juanb-, es mi editora en acto y mi buena amiga.
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Y con el artículo cortado en el períodico ya editado en la mano uno se pregunta: "Y ahora, ¿qué comeremos?" La prensa escrita, que tan necesitada está de espacio, tiene que quitarle a la nota para dárselo a la publicidad, el amarillismo y la declaración alarmantemente roja. No es el caso de mi periódico, no al menos en este número, en este particular cortón -ya antes, sin embargo, Pomodoro y Arroz Progreso me han quitado el sueño-.
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Pero ahora se trató de un mero error de "planeación espacial". Resulta ser que hasta hace poco tiempo en Cultura escribíamos yo, una más que hablaba de libros y otro más que hablaba de monumentos de la ciudad. Y luego pasó el tiempo y me quedé casi con toda la sección. Y ahora, con eso de que las cosas andan mal, entró otro chico a escribir quesque de libros. Y digo "quesque" no solamente con un obvio referente al habla popular, sino con toda alevosía y ventaja: el chico iba a hablar de libros y su columna me quitó espacio para hablar de un concierto de la Filarmónica al cual fue y fue feliz al ir. ¡Organizancia por favor!
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Y yo mirando mi artículo destrozado -no, bueno, no fue para tanto, pero soy melodramático, ¿qué le voy a hacer?-, pensando en qué pensará mi entrevistada cuando vea que la mitad de lo que se afanó en decir -y corregir- fue hábilmente retirado. Y es que si algo tienen los cortes de La Carlos es que son de una precisión milimétrica, tan exacta que el artículo publicado hace pensar al lector que el reportero -mua- es conciente de los conceptos de "coherencia" e "hilado de ideas", pero es un gran producto ovíparo de ave en su trabajo.
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Y yo mirando el artículo con la arraigada esperanza de que el entrevistado lo lea con todo y las palabras faltantes y lo felicite a uno -al artículo, claro está, ¿a mí por qué?-. Pero eso no pasa porque el entrevistado ya no sabe ni lo que dijo, ni quiere recordarlo. Por eso agradece lo que se hizo, esté cortado o no. Bueno, eso sería lo ideal. Yo, de este último corte, sigo esperando represalias.
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Me dicen mis informantes que no hay medio de comunicación en que las cosas no se corten o se sometan, peor aún, a juicio de censura. A mí no me han censurado... hasta ahora. He dicho cosas hasta de más, he despotricado, he ignorado la verdad en pro de mis arrebatos personales, y, en ocasiones extremas, he dicho de menos, provocando mentiras inconvenientes. Pero la censura no ha tocado a mi puerta.
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Por eso que me lo corten me pone mal. ¿Yo que tan bien trabajo para que me quiten la palabra de la boca... o de la página? No hay derecho. Así que si en el próximo número el chaval no escribe algo que valga la pena, saboteo la edición, me adueño del periódico y se lo dedico a la coma. No, mejor aún, me lo dedico a mí y a mis artículos cortados, y a los artículos cortados del resto del mundo.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

¿Còmo que a ti por qué? Es como felicitar al niño por haber nacido y no a los padres por haber ido a la fiesta sin gorrito. Te quiero.