sábado, 8 de marzo de 2008

Alfombrando el Festival.

El día de ayer no lo dije porque este blog se hizo homenaje. Pero como hoy ya pasó la fiebre feminista, merece la anécdota retomarse en lo posible. Sucede que, como ya dije hace dos entradas, estoy cubriendo el Festival Internacional de Cine en Guadalajara -Muestra, no es Muestra, pero como a mí me gusta mucho la palabrita, probablemente siga diciéndole Muestra un tiempo más, así se mueran los poetas y baje el precio de la gasolina. Muestra, muestra, Muestra-.
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Y cubriendo el Festival, cuando yo pensaba que no me alcanzaría toda la frazadita que llevaba para cubrirlo completito, se me apareció, en la primera función a la que acudí -Aurora Boreal, Sergio Tovar, México, 2007-, una tal Diana, a la cual, ya más bien por motivos rituales de la Coma, haré llamar La Dianacazadora. La Dianacazadora, pues, reportera de una conocida, sonadísima y repudiadísima -conste que no dije qué tipo de reputación tiene- revista televisiva de espectáculos, cuyo nombre inicia con Venta- y termina con -neando, me abordó en la función de prensa de Aurora Boreal y me preguntó si acaso yo, tapatío por adopción, conocía la localización del Auditorio Metropolitano -aka Auditorio Telmex-. Si la conocía, me daba ride con tal de que la llevara y la hiciera llegar sana y salva.
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Y como a mí nadie me había invitado al Auditorio -sucede que en el megacostoso recinto se llevaría a cabo, más de nochecita, la Gala Inaugural del Festival-, pues tuve que decir mi tan odiado "No sé". Acto seguido, y viendo la posibilidad de participar en todo el borlote -fiestero, de esa clase de fiestas, soy... y me hacen cosquillas-, corrí a comunicarme con La Malagueña quien, a la sazón, ni estaba ni se dejaba ver en el horizonte. Y me comuniqué con ella no porque le debiera algo, sino más bien porque ella, digna representante de mi medio periodístico, tenía a su nombre el casillero en que la organización del Festival nos estaría -y estará, durante toda esta semana- proporcionando boletos, diagramas y cronogramas. Y llamé y llamé y La Malagueña nunca contestó. ¿Qué hace uno en semejantes situaciones? Toma lo que le han dejado a la compañera en el casillero y se da a la fuga -se da a la fuga... rara manera de decir "se va". ¿Acaso la fuga merece que nos le demos? ¿y yo por qué?-.
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Y con mi boleto robado en la mano tomé el brazo de La Dianacazadora y me subí a su camioneta para guiarla al Auditorio Memets -ahí disculparán, mi niño interno, que es bastante infantil, me aflora por las manos-. Y sí, la camioneta decía "TV AZTECA", y sí, yo me sentía como divo observado en vitrina, y no, cuando llegamos nadie acudió a ayudarnos a bajar el equipo -increíble toda la cantidad de chunches con las que viajan los periodistas de televisión-.
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Instalados junto a la alfombra roja, La Dianacazadora me presentó a una cantidad indecible de periodistas, reporteros -¿hay diferencia? les propongo averiguarla-, fotógrafos y camarógrafos de todos los medios posibles. Ella, teveaztequiana, saludó a gente de Televisa, Exa TV y hasta Mural-Reforma. Todos, quizá por su increíble capacidad para relacionarse, la reconocieron al instante y la abrazaron hasta por donde no llega la luz del día.
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Y yo miraba todo aquello como niño que visita por vez primera la juguetería. Me chuté dos horas de alfombra roja, conocí a un Bichir, un Santaolalla -que, cual figurilla de acción, incluye dos óscares ganados bajo su mano-, un Eimbcke -¿?- y una Eli Guerra, un Daniel Jiménez Cacho, una "Tongolele" -añeñe, se pone bailable el asunto- y un Jorge Fons -aquí no uso el "¿?" porque sí es un renombrado director de cine. Que ni yo ni muchos de ustedes se fijen en los créditos de las películas no es el problema del señor diretor-.
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Y ya entrados en gastos, e invitados por nuestra general algarabía, los reporteros desfilamos por la alfombra roja dispuestos a no perdernos el resto del evento. Sí, leyeron bien, pisé una alfombra roja y, no conforme con eso, caminé por ella y fui tomado por muchas cámaras y muchos ojos envidiosos. Y no llevaba ni Manolo Blanic ni Dior, ni Carolina Herrera ni Versace. Mis pantalones los compré en Gigante hace dos meses y ya tienen roto un bolsillo, y ni hablar de mi camisa que dice GAT. ¿Y pregúntenme si me importa? Nah, ¿qué me va a importar, si para desfilar me pinto solo?
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Nos dejaron pasar, La Dianacazadora consiguió dos buenos lugares y yo ahí, en medio de aquel archirequeterecontragigantesco auditorio, mirando todo como no creyéndome la cosa. La gala comenzó y yo todavía no me la creía. La gala terminó y sigo pensando que desfilé en una alfombra roja, conocí a retearta gente que nomás había visto en la televisión, fui partícipe de muchas entrevistas y hasta logré hacer las mías. "¿Ya ves?", diría mi madre, que no es cinéfila pero sí jala parejo, "y tú que no querías ir".
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

¡Felicidades!
Y eso de que no contesté suena feo, la verdad es que la llamad no entró nunca.
Peor las Mayahuel no me los pierdo.