lunes, 31 de marzo de 2008

¡Premio Mayor, Premio Mayor!

Me ven aquí porque ya es lunes. Y con el lunes hay -¿ya?- que volver al trabajo, a la refriega, la cotidianeidad y la temida -y resultante de todo lo anterior- decidia. En lo que va del día, ya me negué a devolver tres telefonemas y ya me volvieron a hablar diez veces. No le debo a nadie -gracias al Cielo y a mis bien llevadas finanzas (¿o será acaso a mi miedo a pedir prestado?)-, pero como que los lunes a la gente le entran férreas e inexplicables ganas de buscarlo a uno. Y como es lunes y los negocios andan bien, y más por la fuerza -y el profundo deseo que tenía- de estar aquí que por las ganas de hablar de las "metidas de patas" de otros -como si no bastara con las mías-, tocaré el tema escabroso de esos 90 millones de pesos que salieron de mis bolsillos -bueno, unos pocos de esos muchos- y fueron a parar a los de la Iglesia Católica en Guadalajara. Nadie sabe, nadie supo.
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Sí, leyeron bien. Espero ya lo supieran desde antes, porque me choca pero me choca dar malas noticias. En días pasados, en un arrebato de felicidad extralimitada, nuestro Siñor Gobiernaconlacolador Emilio González "La Monja" Márquez, decidió, nomás porque andaba feliz y amaneció contentito el muchachito, donar 90 millones de pesos -¡qué caritativo!- al patronato de construcción del Santuario de los Mártires, que será, según eso, un templote que, subidote en un cerro que hay por estos lares, rendirá gloria a Dios -"¿Y yo por qué?", ha de estarse preguntando-, sus arcángeles y potestades, al tiempo que generará -aquí lo interesante, como para proponerlo pa' categoría de juego en Jeopardy- turismo religioso -sí, chuca, ¿y tu nieve?-
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¿Y de dónde, además de mis bolsillos, salieron esos 90 millones de pesos? ¿Quién pompó? Ah, pues según "La Monja" Márquez, de unos ahorritos que hizo en la administración -¡ay, tan lindo, dio los centavitos del cambio de la tienda nada más!- Sí, oyó bien. El Siñor Gobiernaconlacolador imprimió durante lo que va de su sexenio en hojas recicladas, puso "economize" en la impresora, engrapó más hojas juntas, mandó menos memos con carpeta beige y, más un abracadabra, ¡voila! obtuvo 90 millones de pesos relucientes y nuevecitos de paquete.
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La gran pregunta es: ¿Y la Cheyenne, apá? ¡Qué bueno ahorrar noventa millones! Imagínese usted la cantidad de cosas que no podrían hacerse en todo el estado con noventa millones. No, deje de imaginar, de todos modos no nos tocarán. Con noventa millones contruimos escuelas -Agua Negra no tiene la suya. Mi Arandera tuvo que viajar a lomo de mula tres años seguidos pa' estudiar su preparatoria. Eso explica sus... migrañas-, rehabilitamos el Hospitalito que cerró en Zapopan por falta de presupuesto, o, mejor aún, atiborramos de medicamentos indispensables a los tan abandonados centros de salud de todas las localidades rurales del estado.
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Con noventa millones pagamos muchas máquinas de emodiálisis en el Hospital Civil, y reducimos así la lamentablemente larga lista de espera de personas que necesitan ese tratamiento. Con noventa millones alumbramos, potabilizamos, asfaltamos y alcantarillamos. Con noventa millones damos incentivos a los buenos policías y con noventa millones entramos a las cárceles y rehabilitamos esos centros de miseria, escuelas del crímen. Con noventa millones usted y yo, para acabarla de pensar, nos arreglamos.
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Pero no. Ya lo decía antes y lo vuelvo a repetir. Esos 90 delos por perdidos. ¿Y poqué? Pues poque a menos que lo atrincheremos y lo obliguemos a hacerlos tener "v" de vuelta, el Gobernaconlacolador no recibirá de nuevo los noventa, ni los treinta que dio como primer pago -osea, hasta diferida fue la cosa-. ¡Nada! Nos quedamos con noventa menos, un Santuario de los Mártires Inútil -el Santuario, que si digo que los Mártires se me viene el mundo, con todo y madre, encima-, y un seudogobernante calentando -lacrando, diría yo- una silla que otro con mejores intenciones, o mayor cerebro, o menor "caridad cristiana", lo que se diera primero, debería estar ocupando.
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Yo les propongo a todos los afectados que cuando se inaugure el Santuario vayan y se roben una butaca. Después de todo, si los desauciados de mi licenciatura propusieron en la penúltima Fil robar un libro para protestar por el cobro de la entrada al evento librero, ¿por qué no habremos de tomar una silla, o la tapa de una hurna funeraria, o una cruz, o un vitral, o un aura de una Guadalupana, o un reclinatorio, o lo que sea que equivalga a nuestra parte proporcional de los 90 millones? ¡A que sí!, pues ni al Estado le toca andar dando dinero para obras religiosas, ni al pueblo le queda andarse quedando con los brazos cruzados.
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Con esta donación, "La Monja" comprueba dos cosas que los jaliscienses ya imaginábamos: puede en él más su religión que el amor a su patria -léase entidad federativa-, y es un estúpido que no necesariamente va a ir al Cielo -mi madre, experta en esos menesteres, ya dijo que nanais-. Yo, me queda esa bendición, no voté por él.
. ¡Salud!

martes, 25 de marzo de 2008

Muerte, emos y otros demonios del Edén.

Para Laura, por los pocos días y las muchas noches.
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Yo no quería, pero las circunstancias me orillaron a esto. Apenas había yo terminado mi primera semana vacacional cuando, al regresar a mi adorada Guadalajara de mi adorado Arandas -¿quién demonios define el sexo de las ciudades?-, me asaltaron las malas noticias, las histerias y las incomprensiones. Y como ante semejante triduo pascual no queda más que escribir, pues mi regreso a este baile se da más pronto de lo que pensé. Ahí disculparán las molestias que esta obra vial de regreso a las andadas les ocasione.
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Comienzo por lo primero, porque lo segundo queda más después. Y aunque no fue la primera noticia que me asaltó al regresar -las noticias sí asaltan, se los juro, cuiden sus oídos y protejan sus carteras de información-, sí fue la más fuerte y por eso la coloco en primer lugar. El día sábado 22 de marzo, cuando iba camino a Guadalajara viniendo desde Puerto Vallarta, una compañera de la secundaria sufrió un percance automovilístico que le arrebató la vida. Parece que en semejante trance fatal se conjugaron diabólicamente la velocidad, la falta de cinturones de seguridad -ojo, señores, ojo, vida poca tenemos y la gastamos en distracciones superfluas-, y el exceso de andantes a bordo del carro. No diré más, por respeto a los deudos de la finada, salvo que semejante noticia me bajó de la nube como ruido al esponjado de la pasta de turrón, obligándome a volver a la realidad y pensar en la poca cosa que es la vida. Si bien dicha compañera nunca fue mi amiga, el hecho de que alguien de mi edad y tan cercano a mí fallezca, levanta hasta al más insurrecto de mis vellos -y bellos- epidérmicos.
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La segunda noticia fue menos cruel, pero igual vale la pena colocarla aquí como scriptum motiv. Los periódicos sin leer de toda la semana pasada que ya me esperaban junto a mi cabecera, tenían entre sus páginas hábiles notas periodísticas en torno a la misma noticia: en distintos lugares del país, niños "emo" han sido durante vituperados, masacrados y lanzados al exilio de las zonas donde suelen verse para reunir sus alaciadas cabelleras. Entre las notas, encuentro la de un psicólogo que afirma no entender muy bien el comportamiento de dicho grupo social, pero que igual lanza un "foco rojo" hacia los padres de los mentados por considerar que su conducta "pesimista, antisocial (un emo sólo se relaciona a lo macho con otro emo) y deprimida, no es más que síntoma de una depresión clínica autoinfringida". Sí, leyó usted bien: el emo no está triste per sé, sino per que quere. ¡Ah, qué la canción!
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Pues sí. Ni a mí me simpatiza mucho eso de andar todo el tiempo tirándose a llorar por lo mal que está el mundo, ni a los punks, darketos y metaleros que los han estado agarrando de puerquitos en día de fiesta por todo el territorio nacional. Pero de eso, de no compartir la ideología de una persona, a agarrarlos como matraca en clásico Chivas-Atlas, hay una gigantesca, abismal, diferencia. Y el debate, según los revoltosillos, están en si son moda o no, en si copian estilo o no, en si "denigran a la pluralida' y la autenticida' del grupo", etc., etc., etc. La cuestión es que siempre habrá quién nos copie y quién haga las cosas justo como a nosotros no nos parece -"No me gusta, no me gusta, no me gusta", decía Doña Naborita en el célebre programa cómico de Los Polivoces-. Pero desperdiciar tanto golpe en eso, cuando estamos faltos de martillazos para construir carreteras y escuelas rurales, me parece un desperdicio siniestro. Ahí se las dejo de refilón.
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La tercera, como es la vencida, la dejamos diario hasta el final. La junta editorial del periódico ayer lunes fue un encuentro cercano del tercer tipo con una directora general agobiada y angustiada. Se nos reclamó de todo -hasta malos para hacer entrevistas salimos-, y nosotros vimos la función calladitos como mapaches hibernando. No quedaba de otra. Si alguien hablaba, sufriría las consecuencias de la angustia de la jefa. Hubo llanto y, al final, terminé con esa extraña sensación de que trabajo más de lo que puedo y nadie aprecia eso. Sí, La Malagueña indistintamente trabaja más que nadie, pero no anda de operador de invetarios a bordo -chalán- de mi madre como yo, así que puede darse el lujo de entrevistar tanatólogos, corretear diputados -diputos, iba a escribir- y elucubrar soluciones políticas a nuestros problemas cotidianos. Por eso se le quiere, por chingona dueña de su tiempo -ya dijo mi mamá que va a proponer su canonización, todo a través del Programa Nacional Haga Patria Beatifique A Su Amiga. Seguiremos informando-.
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Así las cosas, así las situaciones. Yo, por mi parte, regreso a mis letras, mis tareas pendientes y mi camita -la de Arandas está chida, pero hacía falta mi almohada con su mancha de café y mi colcha que huele a Suavitel Esencia de Chile Arrimoso del Desierto (Libre Enjuague, of curs)-. Y como tanto la colcha como las tareas me están esperando, no me queda más que declarar clausurado el período vacacional e inaugurado el de vuelta a las andadas. Si hay algo más que decir, hablaré esta semana. Si no, ahí está próximo el temible lunes para hacerme reaccionar. Ni hablar. Algún día seré muy rico y no tendré que trabajar después de las vacaciones. Sí, chucho, ¿y tu nieve? ¿de agrillo?
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¡Salud! (me regresan, de las 16 que les dejé antes de irme, las que no se usaron ahí luego).

viernes, 14 de marzo de 2008

La última y nos vamos.

A mi hermano,
que siempre ha creído que para ser feliz hay que vivir primero.
Merecidas merecidas no, pero de que urgían urgían. Hoy, en una ceremonia de gala que valió la pena esperar durante el resto de la semana, cerró el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y cerró también mi período "no vacacional" -llamarlo "trabajo" me parece todavía un poco abominable-. Hoy, le cerré la puerta a la rutina, la ansiedad de las mismas cosas y la decidia del "ahí mañana". Hoy, saliendo del Auditorio Telmex, le dije adiós a las mismas horas, las mismas personas y los mismos momentos.
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No, bien a bien, mi vida no es repetitiva. Si algo reconozco en mí como valor es la capacidad de encontrar en cada período de veinticuatro horas -o poquitas menos, si consideramos el márgen de error de las horas de sueño-, en cada uno de los 1440 minutos y los 86400 segundos que dan forma al día con día, encontrar en ellos, decía, siempre pequeños y llevaderos momentos que constituyen mi felicidad, mi diferencia.
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Pero los períodos no vacacionales, nadie me dejará mentir, son siempre una oportunidad mucho más pròspera a las nuevas experiencias y las exquisitas diferencias. A menos que uno ocupe sus vacaciones en sufrir por lo difícil que es vivir, y en dicho arrebato melodramático no salga de su casa ni vea a más personas que su grupo de amigos del diario y su perro, a menos que esto pase, las vacaciones son por naturaleza cúmulos de días distintos, mejores o peores, pero siempre distintos, y provechosos, muy provechosos.
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Por eso hoy cierro con el Festival. Mañana haré una entrevista que espero salga mejor de lo que imagino -¿cómo podría ser eso? vaya uste' a saber, pero de que sale divina, sale divina-, a una de mis más grandes amigas: La Cantante (alias Eva), quien, por cierto, además de cantar abraza, ama y se entrega sin demoras. Una de esas bendiciones, que le dicen. Y la charla girará en torno a ella, de modo que, espero, no le será nada fácil guiar su propia "egoentrevista". Pero esta entrevista, digámoslo así, es para mis vacaciones como ese espacio de renglón vacío que queda siempre después de un punto final.
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¿Y el baile? Pues en lo que a mí respecta se quedan ambientados y en su casa. Ahí nomás me recogen el tiradero cuando ya estén repitiendo canciones y se vean obligados a traer mariachi para sorber los últimos restos de tequila. Yo me voy dos semanas -eso si no se atraviesa un bólido de la NASA y me lanzo a conocer Plutón (con eso de que ya no es planeta, se ha abaratado mucho como destino turístico)-. Y serán dos semanas llenas de todo, me lo tengo prometido y, esto sí, bien merecido.
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Me dicen mis informantes que ellos qué, que la prima vacacional, y el día extra, y la mamá de Barney. Por mí se pueden ir a Disneilandia a picar camotes con los dedos. Ellos y la mamá de Barney.
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Si preguntan por mí les dicen que no estoy. Si dicen que ya se ve les dicen que pa' qué preguntan. Si alguno tiene una objeción... únase a la expedición de mis informantes y la mamá del dinosaurio más castrante de la televisión. Y luego calle para siempre. Arribederchi.
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¡Salud! (x 16 días más).

jueves, 13 de marzo de 2008

Karma hermanado.

Sabrán ustedes que trabajo, aunque no lo parezca, pero trabajo. Como Asesor Externo de Control y Manejo de Inventarios a Bordo -chalán- de la abarroterita -es que es petit- de mi madre, ando con ella todo el día y apenas tengo tiempo de recoger mis cosas y correr a la escuela. Por eso como siempre fuera, fuera de casa.
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Y como mi madre, como toda madre, es fanática de la nutrición de sus hijos, procura buscar menús diarios que, conforme a las características de la alimentación saludable propuestas por la UNICEF, sean nutritivos, suficientes, variados y saneados.
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Pero hoy comimos tacos placeros. Y como yo ya iba tarde a la escuela, mastiqué tan rápido que un pedazo de carne al pastor se me atoró en la garganta. Acto seguido, y fiel a su idea de ser una buena madre -¡Dios bendiga sus ideas!-, mi abnegada progenitora corrió, cual gacela al viento, a conseguirme un "vasito" -medio litro- de aguadeloquefuera.
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Bendito Dios que inventó la saliva, si no me hubiera ahogado: sucede que, en el camino a la salvación del bolo alimenticio de su hijo, doña Mago se encontró con viejas amistades -que además eran dos viejas-. Se detuvo a saludar y, durante media hora, mi garganta soñó con los viejos y añorosos tiempos en que el agua todavía le ayudaba a hacer pasar el alimento.
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Y al llegar al carro, doña Mago me pasó el dato. Las dos viejas encontradas eran una de las mejores amigas de mi hermano en sus años mozos y su madre. Pero la historia de la madre nos importa poco para esta cuestión. Recordar la existencia de la amiga de mi hermano, sin embargo, me hizo devolver el taco -y sin agua, ¡chin!-.
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Gilda fue la mejor amiga de mi hermano durante sus semestres de universidad. Comieron, soñaron y hasta durmieron juntos. Ella era sonriente, guapa y gentil. Él, buen mozo, sencillo y sociable. Ella era lo que él esperaba. Él era lo que ella no sabía que quería. Y pasó el tiempo, y él muy enamorado, y ella sin decir una palabra. Y pasó más el tiempo y él decidió, como pocos, encarar la situación, "soltarse la greña" y declarar su amor a su mejor amiga. Y su mejor amiga... ¡comprometida y pisando el altar!
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Sí, sí, dirán que todos nos hemos enamorado alguna vez de nuestros mejores amigos. Pero no, las cosas no suelen ponerse usualmente tan trágicas o difíciles como en el caso de mi Gilda y mi hermano. Y sí, si me preguntan -y si no también, que para eso este es mi blog-, yo diré que el "no, ya no" de Gilda cambió radicalmente la vida de mi hermano y lo hizo, si no ver las cosas en un tono más oscuro, pensarse menos el hablar en las próximas ocasiones.
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El problema surge cuando yo, devoto accionista de las acciones contrarias, descubro de pronto que, lejos de estar haciendo las cosas distintas a como las intentan mis hermanos, estoy repitiendo sus pasos. Hace poco, un tiempo que no está como para contarse, me enamoré de una de mis mejores amigas.
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Y no, no lo dije. Y sí, quizá hubiera sido mejor que lo supiera. Pero el punto es que ni el hubiera existe ni ella se enteró. Y sucede que mi shock emocional radica no tanto en darme cuenta que repito sin pensarlo las acciones de mis hermanos, sino que cosas como ésta, el enamorarse de los amigos, ni pueden prevenirse ni pueden solucionarse. Queda callar. Y al callar, quedo en las mismas que mi adorado hijodelamismamadre. Ni hablar, repetir es, quizá viéndolo con el más grato optimismo, no siempre del todo malo.
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Ahora Gilda está -¿felizmente?- casada, y mi hermano está a cuatro meses de tener bajo el brazo el título de su segunda maestría. Yo, sigo aquí sentado, escribiendo en el mismo blog, y mi amiga es feliz, muy feliz, y sin necesidad de estar casada. Ni hablar. A la próxima hablo, de que hablo hablo. O, ya de perdis, de lengua me como un taco.
. ¡Salud!

miércoles, 12 de marzo de 2008

Aullo, luego vivo.

Aunque mi mamá me lo dijo ayer, yo tenía ya varios días notándolo silenciosamente. Anoche fue todavía más profundo, más lastimero, más sonoro. Salí a ver qué pasaba y me recibió como si nada, moviendo la cola y acercándome su pelota, pero sin dejar de aullar. .
Me dicen mis informantes que el aullido es, para los psicólogos caninos -sí, existen, y en países como nuestro malquerido vecino, los United States, ganan muchos miles de dólares al año atendiendo pacientes peludos y pulgosos-, para los psicólogos caninos, decía, el aullido es signo de advertencia. Un hecho alarmante está próximo, o se nota un peligro inminente, y esto basta para que el perro en cuestión aulle hasta por donde no se puede hacerlo -lo siento, mi frase está imposibilitada para ser verdad, pero a estas horas me fallan hasta las palabras-. Y sucede lo mismo con ruidos fuertes o fallas en el sentido del equilibrio.
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Pero mi perro, un teckel de mucho temperamento, ni escucha música a alto volumen -es fan de Mozart, pero rara vez escucho que lo escuche- ni se cae a cada rato. Y no, no está estresado. Y no, no tiene problemas de orientación sexual, espiritual o física. Es un perro como cualquiera, con los problemas de un perro cualquiera y los amores y desamores de un perro cualquiera.
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Por eso nos extrañó tanto escucharlo aullar. Y me extrañó más a mí, que recordé cómo este ejemplar canino, sin hacerlo nunca antes ni nunca después sino hasta ahora, sólo había aullado en 2003, cuando mi abuela materna falleció. ¡Ah! Y es que esto no lo dicen ni los psicólogos caninos ni los zoofilos. Lo dicen los que creen saberlo: el aullido de los perros es símbolo inherente de que alguien morirá.
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Dirán que no, que son rumores, son rumores, pero lo cierto es que mi perro nunca aullaba y lo hizo en aquella ocasión y desde hace dos días. Y cuando le dije a mi madre, férrea defensora de la existencia del Dios católico, ni me creyó ni me escuchó. Apechugo, sufro, pero el perro no deja de aullar.
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Hoy por la mañana a mi padre le notificaron de la muerte de un entrañable amigo. El señor ni estaba enfermo ni nunca fue alguien de quien se pensara podría morir -?, ¡ash conmigo!-, pero sí, cayó en coma antier y hoy por la mañana, como diría el gran Dante, "adquirió ciudadanía divina". Al recibir la noticia mi madre me vio con cara de "¿Cómo a tu edad se puede tener la razón?", y yo le devolví la mirada no sin antes inyectarle un dejo de "¿Cómo a tu edad se puede seguir creyendo que los cuerpos de los santos se encuentran incorruptos?". Pero me callé, prudentemente me callé.
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Ahora el perro le aulla a la luna. Parece que ya le gustó. Y digo "parece" porque lo único que parece estar por morirse aquí es mi entrada en este blog. Mi madre está más sana que un roble -?, ¡y sigue la mata dando!-, mi padre tiene el metabolismo de un hombre de veinte años -estudios científicos lo demuestran-, y mis hermanas están tan enfrascadas planeando sus respectivas bodas que no tienen tiempo de morirse. Y mi hermano... ése está tan lejos -y es tan feliz- que si se muere no se enterará ni él mismo. Y quedo yo, pero con todo lo que tengo por hacer no creo darle a la muerte oportunidad de que me corte el hilo o se me pare en la cabecera -diez años o más, dice mi caja, diez años o más-.
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Así que o el perro se calla o salgo y comienzo a aullar yo también, por lo menos para que vea de qué cuero se hacen más correas, o, yade perdis, me ayude a armar un concierto en do "aullador".
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¡Salud!

martes, 11 de marzo de 2008

Las tijeras de Pandora.

"Agus, lo siento, lo tenías muy largo, y tuvimos que cortarlo". Ante semejante admonición no queda más que agachar la cabeza y pedir perdón. ¡Ah, claro!, y entregarse al sufrimiento o el disfrute del dolor, lo que suceda primero. Pero, claro está, empezar la semana con semejantes declaraciones lo deja a uno cansado, agotado y frustrado.
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No, no era cuestión del largo de ningún órgano personal o extremidad. Y no, el que me avisó del tan temido corte no fue ni Guillotine ni el creador de las tijeras Barrilito -y siguen existiendo, créanlo o no-. El corte fue a un artículo periodístico -de hecho a dos, pero la cosa en esto de los medios de comunicación se maneja muy a la "no importa cuánto entregues, cuenta por uno"-, y la que me dio pronto y oportuno aviso de él fue La Carlos, que además de ser la novia de mi héroe personal -el buen Juanb-, es mi editora en acto y mi buena amiga.
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Y con el artículo cortado en el períodico ya editado en la mano uno se pregunta: "Y ahora, ¿qué comeremos?" La prensa escrita, que tan necesitada está de espacio, tiene que quitarle a la nota para dárselo a la publicidad, el amarillismo y la declaración alarmantemente roja. No es el caso de mi periódico, no al menos en este número, en este particular cortón -ya antes, sin embargo, Pomodoro y Arroz Progreso me han quitado el sueño-.
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Pero ahora se trató de un mero error de "planeación espacial". Resulta ser que hasta hace poco tiempo en Cultura escribíamos yo, una más que hablaba de libros y otro más que hablaba de monumentos de la ciudad. Y luego pasó el tiempo y me quedé casi con toda la sección. Y ahora, con eso de que las cosas andan mal, entró otro chico a escribir quesque de libros. Y digo "quesque" no solamente con un obvio referente al habla popular, sino con toda alevosía y ventaja: el chico iba a hablar de libros y su columna me quitó espacio para hablar de un concierto de la Filarmónica al cual fue y fue feliz al ir. ¡Organizancia por favor!
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Y yo mirando mi artículo destrozado -no, bueno, no fue para tanto, pero soy melodramático, ¿qué le voy a hacer?-, pensando en qué pensará mi entrevistada cuando vea que la mitad de lo que se afanó en decir -y corregir- fue hábilmente retirado. Y es que si algo tienen los cortes de La Carlos es que son de una precisión milimétrica, tan exacta que el artículo publicado hace pensar al lector que el reportero -mua- es conciente de los conceptos de "coherencia" e "hilado de ideas", pero es un gran producto ovíparo de ave en su trabajo.
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Y yo mirando el artículo con la arraigada esperanza de que el entrevistado lo lea con todo y las palabras faltantes y lo felicite a uno -al artículo, claro está, ¿a mí por qué?-. Pero eso no pasa porque el entrevistado ya no sabe ni lo que dijo, ni quiere recordarlo. Por eso agradece lo que se hizo, esté cortado o no. Bueno, eso sería lo ideal. Yo, de este último corte, sigo esperando represalias.
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Me dicen mis informantes que no hay medio de comunicación en que las cosas no se corten o se sometan, peor aún, a juicio de censura. A mí no me han censurado... hasta ahora. He dicho cosas hasta de más, he despotricado, he ignorado la verdad en pro de mis arrebatos personales, y, en ocasiones extremas, he dicho de menos, provocando mentiras inconvenientes. Pero la censura no ha tocado a mi puerta.
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Por eso que me lo corten me pone mal. ¿Yo que tan bien trabajo para que me quiten la palabra de la boca... o de la página? No hay derecho. Así que si en el próximo número el chaval no escribe algo que valga la pena, saboteo la edición, me adueño del periódico y se lo dedico a la coma. No, mejor aún, me lo dedico a mí y a mis artículos cortados, y a los artículos cortados del resto del mundo.
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¡Salud!

domingo, 9 de marzo de 2008

Festivaleando el Festival.

Llego a mi casa tras un día que resultó ser particularmente bueno, de una semana, que se cierra hoy, que resultó ser particularmente buena. Me estoy acostumbrando, y temo que si no me hago a la idea de que todo esto terminará el viernes -final del Festival-, quizá reciba el próximo sábado en un Valle de Lágrimas. Quizá, quizá, quizá.
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Pero como todavía no es viernes y yo sigo pensando que este fue un día feliz, me dispondré a plantearles brevemente mis andanzas de hoy. Tras encontrarme con La Malagueña en la sala de prensa del Festival, ambos nos "lanzamos" -ajá, con todo y coche espacial- al Fondo de Cultura Económica -colina abajo- para dejar allí algunos de nuestros periódicos. Y el Fondo bastante cerrado. Y nosotros con muchos periódicos y un Festival Internacional de Cine esperándonos colina arriba.
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Y sobre la colina vimos una muy buena película cuyo nombre es No mires para abajo (Argentina, 2007, les debo el nombre del director). No mires... es una historia fabulosa, que en realidad cuenta dos historias por lo menos, o bueno, la historia de dos enamorados que forman una sola condición. Ella es conocedora de los mantras y otras tantas maravillas espirituales; él ayuda a su hermano en el negocio familiar de fabricación de lápidas. Ella lo enseña a amar y controlar sus impusos; él aprende con dedicación... y se enamora. Todo va viento en popa hasta que ella tiene que irse a España de volón. Él se queda solo, pero conciente de sí, lo cual ya es mucho pedir en una relación que se separa. Buena realización, buen guión, buen elenco. Me quedo con el mantra y los impusos.
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Y como no nos gusta dejar títere sin cabeza, volvimos colina abajo para ser partícipes del estreno formal de una cinta que yo ya había visto días atrás pero que La Malagueña tenía ávidas (?) ganas de degustar. La cinta fue Enemigos íntimos, del célebre Fernando Sariñana. A La Malagueña le gustó incluso más que a mí y yo me limité a aplaudir a la parte del elenco que, presente en la función, nos miraba como si fueramos jueces crueles de tribunal sangriento. ¿Verdad que no iba al caso? ¿Verdad que somos lindas palomitas dispuestas a dar amor?
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Y regreso colina arriba acudimos presurosos a una rueda de prensa con Brian De Palma, director estadounidense de cintas como Misión: Imposib... esperen, ¿no había hablado yo ya de él en este blog? Temo que sí, así que se quedarán con las ganas de informarse o lo harán por su cuenta. El punto es que estando en la rueda -que era más bien acumuladero- de prensa, La Malagueña conoció a La Dianacazadora y se hicieron de buena plática -entre mujeres me vea-.
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Y como La Dianacazadora es a todo dar, nos trepó junto a su camarógrafo en el carro que rentaron para trasladarse durante la semana de duración del Festival, nos paseó un poco, nos invitó los chescos -por fin Tv Azteca me da algo más que programación barata- y nos acompañó -o nosotros la acompañamos, o todos nos acompañamos mutuamente- en la alfombra roja de la presentación de Redacted, la cinta del señor De Palma.
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Y tras fugaz alfombra ingresamos al Teatro Diana, vimos la película hasta donde el tiempo nos lo permitió -empezó algo tarde- y regresé a casa para enterarme, justo en estos momentos, que estoy invitado a pasar mi semana santa -la mía, que no la de ustedes ni aunque ayuden con los gastos- en Arandas, un pueblito de Jalisco que está bien mono -eso dice mi informante mayor, Doña Mago- y que, además, es cuna de mujeres bellas. No, esperen, no es cuna de mujeres bellas, es cuna de una mujer que es muy bella. Las demás pueden esperarse pa' la otra, pa' la otra vida. Arandas está ahí, las vacaciones en puerta y yo nomás digo: aikir. Cuando se acabe la Muestra -¡ja!-, pero aikir.
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¡Salud!

sábado, 8 de marzo de 2008

Alfombrando el Festival.

El día de ayer no lo dije porque este blog se hizo homenaje. Pero como hoy ya pasó la fiebre feminista, merece la anécdota retomarse en lo posible. Sucede que, como ya dije hace dos entradas, estoy cubriendo el Festival Internacional de Cine en Guadalajara -Muestra, no es Muestra, pero como a mí me gusta mucho la palabrita, probablemente siga diciéndole Muestra un tiempo más, así se mueran los poetas y baje el precio de la gasolina. Muestra, muestra, Muestra-.
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Y cubriendo el Festival, cuando yo pensaba que no me alcanzaría toda la frazadita que llevaba para cubrirlo completito, se me apareció, en la primera función a la que acudí -Aurora Boreal, Sergio Tovar, México, 2007-, una tal Diana, a la cual, ya más bien por motivos rituales de la Coma, haré llamar La Dianacazadora. La Dianacazadora, pues, reportera de una conocida, sonadísima y repudiadísima -conste que no dije qué tipo de reputación tiene- revista televisiva de espectáculos, cuyo nombre inicia con Venta- y termina con -neando, me abordó en la función de prensa de Aurora Boreal y me preguntó si acaso yo, tapatío por adopción, conocía la localización del Auditorio Metropolitano -aka Auditorio Telmex-. Si la conocía, me daba ride con tal de que la llevara y la hiciera llegar sana y salva.
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Y como a mí nadie me había invitado al Auditorio -sucede que en el megacostoso recinto se llevaría a cabo, más de nochecita, la Gala Inaugural del Festival-, pues tuve que decir mi tan odiado "No sé". Acto seguido, y viendo la posibilidad de participar en todo el borlote -fiestero, de esa clase de fiestas, soy... y me hacen cosquillas-, corrí a comunicarme con La Malagueña quien, a la sazón, ni estaba ni se dejaba ver en el horizonte. Y me comuniqué con ella no porque le debiera algo, sino más bien porque ella, digna representante de mi medio periodístico, tenía a su nombre el casillero en que la organización del Festival nos estaría -y estará, durante toda esta semana- proporcionando boletos, diagramas y cronogramas. Y llamé y llamé y La Malagueña nunca contestó. ¿Qué hace uno en semejantes situaciones? Toma lo que le han dejado a la compañera en el casillero y se da a la fuga -se da a la fuga... rara manera de decir "se va". ¿Acaso la fuga merece que nos le demos? ¿y yo por qué?-.
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Y con mi boleto robado en la mano tomé el brazo de La Dianacazadora y me subí a su camioneta para guiarla al Auditorio Memets -ahí disculparán, mi niño interno, que es bastante infantil, me aflora por las manos-. Y sí, la camioneta decía "TV AZTECA", y sí, yo me sentía como divo observado en vitrina, y no, cuando llegamos nadie acudió a ayudarnos a bajar el equipo -increíble toda la cantidad de chunches con las que viajan los periodistas de televisión-.
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Instalados junto a la alfombra roja, La Dianacazadora me presentó a una cantidad indecible de periodistas, reporteros -¿hay diferencia? les propongo averiguarla-, fotógrafos y camarógrafos de todos los medios posibles. Ella, teveaztequiana, saludó a gente de Televisa, Exa TV y hasta Mural-Reforma. Todos, quizá por su increíble capacidad para relacionarse, la reconocieron al instante y la abrazaron hasta por donde no llega la luz del día.
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Y yo miraba todo aquello como niño que visita por vez primera la juguetería. Me chuté dos horas de alfombra roja, conocí a un Bichir, un Santaolalla -que, cual figurilla de acción, incluye dos óscares ganados bajo su mano-, un Eimbcke -¿?- y una Eli Guerra, un Daniel Jiménez Cacho, una "Tongolele" -añeñe, se pone bailable el asunto- y un Jorge Fons -aquí no uso el "¿?" porque sí es un renombrado director de cine. Que ni yo ni muchos de ustedes se fijen en los créditos de las películas no es el problema del señor diretor-.
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Y ya entrados en gastos, e invitados por nuestra general algarabía, los reporteros desfilamos por la alfombra roja dispuestos a no perdernos el resto del evento. Sí, leyeron bien, pisé una alfombra roja y, no conforme con eso, caminé por ella y fui tomado por muchas cámaras y muchos ojos envidiosos. Y no llevaba ni Manolo Blanic ni Dior, ni Carolina Herrera ni Versace. Mis pantalones los compré en Gigante hace dos meses y ya tienen roto un bolsillo, y ni hablar de mi camisa que dice GAT. ¿Y pregúntenme si me importa? Nah, ¿qué me va a importar, si para desfilar me pinto solo?
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Nos dejaron pasar, La Dianacazadora consiguió dos buenos lugares y yo ahí, en medio de aquel archirequeterecontragigantesco auditorio, mirando todo como no creyéndome la cosa. La gala comenzó y yo todavía no me la creía. La gala terminó y sigo pensando que desfilé en una alfombra roja, conocí a retearta gente que nomás había visto en la televisión, fui partícipe de muchas entrevistas y hasta logré hacer las mías. "¿Ya ves?", diría mi madre, que no es cinéfila pero sí jala parejo, "y tú que no querías ir".
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¡Salud!

viernes, 7 de marzo de 2008

Women on top!

Ya lo vieron, no tengo qué decirlo. Hoy, como homenaje merecido, este blog deja su tono macho por excelencia y se tiñe de rosa, fiucha y lila. Hoy, a modo de agradecimiento a todas ellas, este blog cede su programación normal a la lucha feminista, la liberación del pensamiento y la teoría del género, a la profesionista, la licenciada, la amada, la exitosa. Hoy, sin mejor opción, este blog es un "gracias", un "viva", un "¡arriba y adelante!", un "felicidades". Hoy, porque así debe ser, este blog es un himno a la mujer.
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Lástima que sea una vez al año. Yo, catalogado por la célebre Sabina Berman como "lesbiano", tiendo a leer a más mujeres, escuchar a más mujeres y ser amigo de más mujeres. Los hombres, quizá por su inevitable capacidad de creer que lo poseen todo, que lo saben todo y que lo pueden todo, me son nada. Entre mujeres me crié y a entrar en ellas me enseñé. Acceso a sus corazones sin el menor de los prejuicios ni las dudas, y salgo de ellos, como ladrón sigiloso, llevándome lo mejor y dejando lo mejor, lo más sublime que hay en mí. Si fuera más de una vez al año, si el Día Internacional de la Mujer fuera más seguido, yo estaría feliz, contento de poder dar más "gracias", más "vivas", más "¡arribas y adelantes!", más "felicidades".
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Pero no lo es. Quizá porque de lo bueno poco, y de lo sublime todavía menos. Aún así, este día es causa de celebración. Hoy, gracias a no otra cosa que ellas mismas, ya las hay doctoras, maestras, cantantes, soldaderas, camioneras, taxistas, directoras de festivales, presidentas, pintoras, médicos, accionistas, ecologistas, propietarias. Hoy, gracias a no otra cosa que sus capacidades, se les reconoce en un mundo que, por un arrebato lánguido y cruel de la Historia, les pertenecía primero a ellas, estaba bajo su seguro don de mando, hasta que les fue arrebatado por los quisquillosos y celosos hombres.
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Hace poco, platicando con mi buena amiga La Prisciliana, llegué a la conclusión de que las mujeres no volverán a tener el poder del mundo en mucho tiempo. No porque no lo merezcan, o porque yo esté en contra de esa idea -todo menos esto último-. No lo harán porque, ahora que se acercan a él de nuevo, descubren que es mucho más provechoso compartirlo que tenerlo entre sus manos como gema divina, preciosa, irremplazable. Lo entienden y entonces están dispuestas a compartirlo. ¿Y los hombres no? Pregúntenle a Chavez, o a Pinochet, o a Batista. Pregúntenle a Hidalgo, o a Villa, o a Díaz. Pregunten y obtengan respuestas. Yo, por si o por no, prefiero preguntarle a Bachelet, o a Indira Gandhi, o a Butto. Ellas, sí tienen experiencia para gobernar y no dejan que la vida se les vaya en pleitos con el espejo o la nación. Ellas, sí rifan. No, no rifan, mandan.
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¡Salud!

jueves, 6 de marzo de 2008

Cubriendo el Festival.

Aclaración primaria lexicográfica psicopatológica descriptiva: si durante esta entrada ejecuto términos como "Muestra", "Feria" o "Festival" por igual, nadie me tome a mal. Mi idea intrínseca es la misma: referirme al Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Aclarado el punto, inicio la entrada del blog... ahora.
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Fueron semanas de espera, de mucho creer que no se nos haría, hasta que hoy, por fin, tras pronto aviso de nuestra jefa de noticias, La Malagueña acudió, cual rayo veloz de fuerza centrípeta, a recoger las acreditaciones -la suya, la mía y la de una fotógrafa- de prensa con las que podremos cubrir, casi sin límite de accesos, medio VIP la cosa, el Festival Internacional de Cine en Guadalajara 2008, a celebrarse, si no se les quema el celuloide o se les desaparece el guión primero, entre mañana 7 de marzo y hasta el próximo día 14 del mismo mes.
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¿Y cuál es la ventaja de tener una acreditación de prensa en eventos de esta clase? Pues bien podría decirles que nada. Nada que no sea una sala de prensa con cafecito, galletas, agua y refrescos todo el santo día; nada que no sea acceso ilimitado a funciones especiales para prensa e industriales; nada que no sea puerta abierta a entrevistas con actores, realizadores y productores cinematográficos; nada que no sea cine gratis. Nada, la acreditación de prensa en eventos de esta categoría, como bien ven, no significada nada.
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No sé si los del Festival disparen las palomitas, pero yo, por su las dudas, ya me facilité en Sam's Club mi caja de Actwo con mantequilla y estoy dispuesto a sampármelas todas sin preguntar, sin convidar. No, miento, la verdad es que mis múltiples actividades no me permitirán cubrir todos los eventos que yo quisiera para el medio impreso en que trabajo. La chamba pesada, como siempre -que no pesada como siempre-, le tocará a La Malagueña -sí, adivinó usted bien, la misma que recogió las acreditaciones-, quien ya se hizo a la idea de que trabajar es lo suyo y de que cuando no trabaja tiene más chance de quejarse de que no le alcanza el tiempo para nada (?). Y como no queremos que se queje (?)... ni modo, sufrirá las consecuencias de su tiempo libre potencial.
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Me dicen mis informantes que, aunque no hay en el programa del Festival muchos nombres conocidos, bastará con mencionarles a dos de nuestros invitados: el de Brian De Palma, mítico director de míticas cintas como Scarface (aka Caracortada, 1983) o Misión: Imposible (Mission: Impossible, 1996), quien presentará en este Festival su última producción, cuyo título no tengo a la mano pero que todo mundo verá; y el de Fernando Sariñana, sí, sí, adivinó usted bien, el papá de la niña esa con cara de vomitiva o lavado intestinal mal elaborado que sale en todas las películas que él filma y que acaba de sacar un insufrible disco -¡y además canta!-, una tal Jimena Sariñana. Uno talentoso, el otro no tanto; uno apasioado del cine, el otro amigo de Azcárraga; uno mundialmente famoso, el otro... tiene una hija con cara de "¡Dios, púdreme!". ¡Oh maravilloso contraste de Festival!
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Mañana es viernes, arranca el Festival y yo no sé si escriba. Día ajetreado, día lleno de cosas interesantes por hacer. Hacía días que no tenía un día así. ¡Vivan los días de Festival que me perdonan el no escribir!
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¡Salud!

miércoles, 5 de marzo de 2008

Fotografiando al yo.

Pensaba dedicar esta entrada a hablar de los conflictos diplomáticos entre Ecuador y Colombia, o del hombre bomba en la Ciudad de México -chiste viejo, ya lo sé, pero yo no lo había contado-, o de las elecciones en Estados Unidos, o de cualquier otro tema de actualidad que se les ocurra. Pensaba en dejar mis problemas de lado y hablar a ustedes, fuerte y claro, sin temor a represalias, de las alzas a los precios de los productos básicos o el aumento en los impuestos. Pensaba esto hasta que mi buena -buenísima- amiga La Prisciliana, presentó atinadamente su voz en el auricular de mi telefóno y ejecutó una larga, tendida y amenísima charla sobre sus últimas andanzas vitales.
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Por afanes de que no se afanen mucho por leer afanosamente -México es país de telenoveleros, no de lectores-, evitaré mencionar el resto de la charla y me centraré sólo en el aspecto que, para efectos prácticos, deseo tocar en esta entrada mía -que es también suya, si me ayudan con los gastos-. En mitad de la plática telefónica, con el habitual orden de ideas que la caracteriza, La Priscilina exclamó jubilosa: "¡Y adivina qué se me ocurrió ahora!" Iba a contestar con alguna de mis simplezas como "¿Depilarte?" cuando, sin dejarme tomar aire siquiera, La Prisciliana -que es también suya si me ayudan con los gastos... no, mejor no- exhaló un seguido y profundamente lastimero: "Tomaré una foto por día durante todos los días que me resten de vida".
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La miré con dudas, muchas dudas. La principal duda, por supuesto, era el hecho de por qué la miraba si ella ni siquiera estaba presente. Pero creo que entendió mi silencio e hizo gala de los años que tenemos por conocernos adivinándome la mirada. Lo creo porque, ante mi mutis, dijo: "Ay, bueno, una foto mía". Nada cambió. "Una foto mía, de mi cara, o de mi cuerpo, o algo así, cada día hasta morirme". Pensé en lo fácil que sería su tarea si muriera mañana, pero por aprecio a la amistad respetuosa que hemos edificado con el fluir de los años no dije nada.
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"¿Y quieres que yo la tome? Porque de ser así estamos muy lejos para ir y venir todos los días". "No, tonto, la tomaré yo y las coleccionaré hasta que muera y mis nietos o hijos puedan ver cómo envejecí poco a poco, día con día". Guardé de nuevo prudente silencio.
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Desde que algún fanático -según mis informantes, un tal Niepce Nicephore- la inventó, la fotografía ha sido el invento que, por excelencia, nos representa como especie a los humanos: hábidos de guardar el presente como la única cosa que tenemos segura, tomamos fotografías para que, en el futuro, recordemos el pasado que se inmortalizó en el presente ya pasado. ¡Una se sentimentalismo!
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Por eso tomamos fotografías, para recordar. Recordar y reír, recordar y llorar, recordar y vivir. Y por eso la idea de La Prisciliana no me suena del todo mala tras colgar con ella. Una foto por día podría darnos una idea de cuánto cambiamos en el menor de los tiempos posibles... y sin proponérnoslo siquiera.
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Yo, nada más porque soy reacio a la cámara, no sigo el experimento y me dedico a mostrar aquí los resultados. La Prisiciliana, por lo pronto, ya se tomó la de hoy y está ansiosa de que sea mañana para tomarse la siguiente. Dice que está segura que los cambios serán sorprendentes para cuando pueda asimilarlos viendo las fotografías. Ella dice, yo le creo.
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Mañana tengo evento por cubrir en la noche, justamente una muestra de fotografía. Estoy ansioso por ver en otras miradas, porque otros ojos me presten sus imágenes y me las entreguen en cocktail de gala. Estoy ansioso y pienso qué pasaría si tomarámos una fotografía a otra fotografía durante cada día del resto de nuestras vidas. ¿La foto cambiaría? ¿Y la foto de la foto? Ya entré en materia pesada. La dejo para otro día.
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¡Salud!

martes, 4 de marzo de 2008

¡Seguridá!

No es que últimamente ande distraído... es que la distracción es, desde que la memoria medio acompaña mis procesos mentales, mi modus vivendi. Usualmente tengo que poner mucho de mi empeño en concentrarme en algo en verdad importante o necesario, útil, pues si no pongo de mi parte la vida, el mundo y la ocasión se me van volando. Hoy, como en todos los días de mi vida, no fue la excepción. Aunque hubiera preferido, en verdad, distraerme que escuchar.
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Y escuché. Mientras dos célebres y extraños personajes, provenientes del Comité de Alumnos del Área de Estudios Históricos y Humanos de mi universidad, visitaban mi salón para recabar las firmas de quienes estuvieran en contra del alza al precio del transporte público urbano -yo entre esos "quienes", claro está-, una de mis compañeras, cuyo nombre no mencionaré porque me es irrelevante, alzó la mano y tomó la palabra -ájalas, la palabra no sólo se habla, sino que aveces, además, se toma. Versatil la niña, versatil-.
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Y habló. Pidió a los representantes del Comité hicieran pronta y espedita campaña contra una decisión que, a su parecer y el de muchos de mis compañeros, atenta contra la autonomía universitaria: la contratación de una empresa de seguridad privada para resguardar el campus. Los del Comité, por obvias razones que por seguridad -aprecio la integridad de mis órganos y extremidades- no obviaré aún más, hicieron gala de su "facilidad" para arreglar los asuntos propuestos de improviso por los alumnos, se miraron mutuamente y atinaron, cual experimentados políticos, a opinar unánimemente: "Algo haremos".
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La voz calamitosa fue general. Casi nadie parece estar de acuerdo, y, los que no están del todo convencidos, tambalean sus agobiados criterios entre dar el sí o negar su apreciación. Lo que es un hecho es que en las puertas de la universidad hay policías -"polecías", dirían los del Comité- cuidando -o algo así harán- la seguridad -o algo así cuidarán- de los alumnos -o intereses parecidos-.
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Yo tengo mis dudas. Como diario, tengo mis dudas. Son dudas preciosas, relucientes, dadivosas, enteritas, nuevas de paquete. Tengo mis dudas porque soy escéptico los días que ando de buenas -los días malos ni siquiera me preocupo por pensar, me coloco en contra y ya-. Mis dudas me zuzurran, me dicen cosas al oído, bajito, que me limito a escuchar como no queriendo. Mis dudas me miran desde el marco de la ventana y sonríen apesadumbradas, temiendo por el final de mis verdades. Verdades que no llegan.
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¿Cuánto dinero recibe la FEU para sobrellevar sus actividades? ¿Me van a decir que sus papeleos, marchas y mítines se pagan solos, como por arte de magia? Porque yo, al menos, no he visto feuistas vendiendo churros con limón en las calles, ni promoviendo boletos para rifar minicomponentes o lavadoras. Alguien les da dinero y, si mis informantes estuvieran presentes, probablemente ya me habrían dicho que todo ese malavar económico lo hace la Universidad. Temo por ello. Temo porque organismos como la FEU sorben presupuesto público que bien podría pagar el sueldo de los policías que, en las entradas, nos están comiendo el presupuesto a los alumnos.
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¿O pagar aulas de computación que terminarán por ser rayadas -"El Bomba rifa", "Abajo el neoliveramismo", "Muerte al retor"- o disfuncionales -ya me vi saliendo del recién inaugurado salón porque tronó un transformador- ante el asedio de los seudoestudiantes-rata-lacra-fósil que abundan en nuestros pasillos, que pululan en nuestros salones? ¿O pagar acondicionamiento de aulas que en poco tiempo los mismos seudoestudiantes-rata-lacra-fósil arruinarán por parecerles "demasiado popis"? ¿O qué tal pagar el nuevo campus, que nos está esperando al noroeste de la ciudad con las vigas abiertas, la mirada hacia el auditorio que le quitó la gloria y con su construcción detenida entre azulinstitucional y buenas nochesburocracia? No, si las cuentas son largas... y los pesares más.
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Yo por eso propongo que los guardias se queden. No es que me sienta más seguro de tenerlos ahí, paradontes, devorándose en sus lonches de pierna y tocino mis seiscientos semestrales (risas). Es que, de tenerlos ahí a tenerlos en las calles rogando por mordida... ¡viva la Universidad que le da guarida a seudoprofesionistas del mañana y a guardias corruptos por igual! ¡Viva nuestra dolida -pero propia y autónoma, autonomísima- Arca de Noé!
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¡Salud!

lunes, 3 de marzo de 2008

Tres colores blanco.

Como verán, escribo este blog ya muy entrada la noche. Me senté en la computadora hace tres horas y es tiempo que no aparece en mi cabeza un solo tema. Estoy en blanco. Blanco como la espuma que deja el mar al abandonar la arena, o blanco como el uniforme especial de la Selección Mexicana. Blanco como los comerciales de jabón Dove o las páginas de los libros.
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Por eso, porque hoy mi mente está en blanco y yo necesito escribir, sé que lo necesito, voy a escribir en blanco. Esta entrada será, entonces, o precisará serlo, un homenaje al más insípido de los colores, pero al mismo tiempo el que más vida le da a los demás. Blanco que te quiero blanco.
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El primer recuerdo en blanco que tengo es el de un gigantesco mantel que cubría una gigantesca mesa en la casa de mi abuela materna, en Culiacán, Sinaloa. Tejido a mano por ella, tenía formas tan diversas y atractivas que yo no me cansaba de verlo, de meter mis inconsistentes dedidos entre los hilados y sentir cómo cada unión del mantel atrapaba mi mano. Recuerdo haberme sentido impávido ante la sola idea de no poder salir jamás de aquella red, de quedar hundido para siempre en todo ese mar de blanco. Jalaba y jalaba los rombos y círculos que con esmero mi dedicada abuela había tejido. Jalaba y jalaba hasta que el mantel cedía a la presión de mis manos y se desgarraba en un largo hilacho. No podía evitar sentir una extraña mezcla entre felicidad y tristeza al contemplar mi obra: el blanco ya no me tragaría, pero lo había exterminado. Había acabado con su blanquizca existencia. Lo había reducido a ningún color.
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El siguiente recuerdo en blanco tiene que ver con el suelo de un hospital. No sé qué hacía ahí, pero el blanco me rodeaba. No era sólo el suelo, aunque fuera la región blanca que más yo mirara: había blanco en las paredes, las camas, las batas de los doctores y las cofias de las enfermeras. Era blanco el barandal de la cama, los tubos de respiración, los tapabocas. En un suspiro el recuerdo se va. Sé que he estado ahí, sé que sufrido en mitad del blanco, pero por alguna razón no logro recordar con precisión la escena ni sus circunstancias. Blanco me quedo ante el blanco entonces.
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El recuerdo blanco más cercano que tengo es el de estas letras quedando sobre el fondo blanco del computador. Las imagino brincar, decir lo que yo no he querido o hablar menos de la cuenta. Las imagino riéndose de mí, de tanto blanco, de mí pensando en tanto blanco. Después de todo, creo yo, para una entrada blanca hacen falta letras del mismo color.
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Blanco, me dicen mis informantes, es la combinación de todos los colores de la escala de ondas luminosas. Osea que blanco es uno y todos. Para buscar imágenes para esta entrada, he abierto una página que dice: "Página en blanco". ¡Oh, dulce inspiración convertida en luz!
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Hoy, lunes, he recibido noticias blancas, negras y de todo color. Las unas me llenan de gozo, las otras me hacen reconsiderar nociones y replantear aspectos. Pero como ando positivo, diré que hoy, lunes, ha sido un día blanco, y blanco debe quedarse para bien del resto de la semana, que seguramente será de más colores.
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¡Salud!

domingo, 2 de marzo de 2008

Sesión ordinaria de felicidad.

Dicen los que lo entienden que el asunto de la amistad es muy complejo. Las relaciones humanas, en general, ya no digamos las que derraman amor, o las que funcionan más bien en un duopolio amor-odio, todas, pues, son complejas. Y son complejas no sólo porque dependen de factores ambientales, sociales y químico corportales sumamente diversos, insospechados y sorpresivos. Son complejas porque involucran a dos -o más, lo que las vuelve todavía más complejas-, dos individuos con sus propias historias, su mundo y su país.
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Pero en la amistad, la complejidad de las relaciones es harina de otro panorama. Una parte de dicho panorama lo forma la tolerancia, y la otra el respeto. En la parte de la tolerancia le toca a cada individuo ser conciente de las limitantes de sus amigos, sus defectos y sus virtudes. En la parte del respeto, le toca al sujeto no traspasar las decisiones de sus amigos, ni esperar nunca de ellos reacción alguna que pueda hacerlos sentir ostigados, obligados a actuar. En la parte de la tolerancia, los amigos se conocen y se aceptan. En la parte del respeto, los amigos se limitan a ayudarse.
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Esta doble formación de la estructura amistosa permite que las reglas queden claras desde que la amistad toca a la puerta: me comprendes y me respetas, te comprendo y te respeto. ¿Y el amor?, se preguntarán ustedes. Lo más formidable de todo es que la regla se obedece no en función a un castigo o una tolerancia cero, sino a la motivación implícita de un sentimiento único, justamente el tan vendido amor. Por amor los amigos se respetan y se aceptan, se aceptan y se respetan. Por amor los amigos comprenden sus historias y son capaces de saber hasta qué punto interceder en la vida de otros puede traer dificultades o más bien sanar heridas. Por amor, los amigos son amigos.
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La noche de anoche, la estructura doble de la amistad se dejó ver en mi caso reluciente y formidable. El Club de la Media Noche -una institución no lucrativa que tiene como fin igualmente no lucrativo no dormir-, se reunió en el domicilio particular de la hoy casi coja Casicasi, y casi no durmió. El plan de vuelo era ver muchas películas -teníamos un catálogo de casi treinta a disposición-, pero tras la primer parada -C.R.A.Z.Y., canadiense, 2005, dirigida por Jean-Marc Vallé, fa-bu-lo-sa-, la sesión extraordinaria del Club decidió, por voto unánime, quedarse platicando.
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Aunque en esta ocasión no esperábamos tanto número, recibimos la visita de La Malagueña Toribia que, recién desempacada del rancho de su hombre, nos llegó de sorpresa a la reunión. No estaba invitada porque el viernes se fue a visitar la labor de su señor y pensamos que llegaría hasta muy tarde hoy, y oliendo a becerro, pero abrirle las puertas fue, además de una sorpresa, un agrado -que no olvida el abandono, el abandono en que nos tuvo, Toribio, págaselo caro-.
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Seré serio y conciso al decirlo: esta ha sido una de las sesiones más provechosas y más enteras que nuestro grupo ha vivido. En noches como la de anoche se me pone en claro que nací para ser feliz, y que mis amigos serán siempre, estén en dónde estén, se claven en el pie derecho los clavos que sean, se peleen con quien quieran, escojan mal sus otras amistades o no tengan más amigos, sean felices o infelices, mis amigos serán siempre, decía, una de las muchas razones de mi felicidad. Porque hoy toca tener amigos, hoy, como diría el célebre Sabina, "hoy toca ser feliz".
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¡Salud!