domingo, 24 de febrero de 2008

Y el Óscar va para... ¡la mesa que más aplauda!

To day is the day. Hoy por la noche, Holliwood se viste de fiesta y gala, diamante y oro. Desde hace 80 ocasiones, aunque en distintos foros, la llamada "meca del cine" -término a reconsideración tras la incursión de los hermanos Farrelly en la historia de la realización cinematográfica estadounidense- celebra en noches como la de hoy su más grande ceremonia: la entrega de los Premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, o los Óscares -así en mayúsculas, pa' que luzca-, que es lo mismo, pero no es igual.
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Hoy los ojos del mundo estarán puestos en tierras gringas. Si ya hemos dejado poco a poco el interés por lo "norteamericano" -así, entre comillas, para someterlo a reconsideración-, supliéndolo por un extraño fanatismo hacia lo oriental -sin comillas-, sólo por hoy volvemos nuestros ojos al territorio del Imperio y, como ovejas descarriadas, le juramos amor eterno -tres horas nada más de eternidad- a nuestro Dador de males, nuestro Titiritero infeliz.
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¿Y todo por qué? Pues para ver vestidos, protocolo y frack -¿es así o la dejamos en "frac"?-, para escuchar discursos cómicos y enterarnos quién resvaló, quien sufrió una abolladura en su seno postizo o a quien le falló "accidentalmente" el micro y no pudo terminar su discurso de tintes políticos. Ya saben, entradas musicales coherentemente colocadas para cortar interesantes y afanosos reclamos al sistema.
. Y los mexicanos miramos con agrado la ceremonia por un motivo un tanto más digno: encontrar rostros conocidos. Es increíble cómo hasta en actos protocolarios que no nos corresponden nos buscamos la cara, el idioma y la "idiología". Y aquí, sentados frente a la tele, a kilómetros de distancia del Teatro Kodak, gritamos con entusiasmo: "Mira, ¡Diego!" "¡Mira, Gael!" "¡¡Mira, Iñárritu!!" "Mira... ¿Salma?". Ni modo, así somos, felices de encontrarnos en tierras extrañas y lejanas entre sí, aunque no nos reconozcamos más que como hijos de la misma tierra.
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Yo, por mi parte, ansío ver la parte cómica de la presentación. Me dicen mis informantes -que ya se compraron playeras en apoyo a Ellen DeGeneres, de la cual son fans pero que fue duramente criticada por su participación (para mí, muy acertada) en la pasada ceremonia-, me dicen informantes, decía yo, que este año la conducción estará a cargo de Jon Stewart. "¿Quién?", puedo escuchar preguntar a los interesados. "Sí, Jon... ¿Quién?", respondo yo. Sí, nadie lo conoce, pero al parecer ya condujo antes una ceremonia de Óscares en... ¿2005? El punto es que si lo pusieron a repetir es porque lo hacía muy bien... o porque lo hacía muy mal y quieren hacer fracasar la ceremonia que cada año les sale más costosa... o porque no había de otra... o porque se lo encontraron, pidió chamba otra vez y les dio lástima decirle que no. Ni hablar, espero me haga reír o no llegaré a conocer al ganador de Mejor Película y me dormiré en el camino.
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Mi hermana está escogiendo vestido para su boda -de las dos que me quedaban, de las dos que me quedaban, nada más me queda una, una, una-. Emocionada me comenta en este momento que piensa comprar algo como lo que Penélope Cruz portó en los Óscares del año pasado. Veo la foto y me encuentro a la prima española -mi segundo apellido es Cruz- envuelta en una cortina rasgada, peor que Katherine O'Hara. Sonrío con esfuerzo y ella se va brincando a hacer su pedido. Yo, sufro. Pero hoy son los Óscares, y sufrir está por ser premiado.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

A pegarnos a la tele hoyu, no hay más. Yo hasta me pongo tacones yu vestido de noche, para estar ad hoc. ¿Así se dice? Que gane el mejor y no al que se lo deben.

ana dijo...

Rodríguez Zapatero caracterizado como el psicópata de No es País para Viejos.


enlace a Rodríguez Zapatero como Javier Bardem

ke bueno

JAJAJAJAJA