miércoles, 27 de febrero de 2008

¡Santos pitones, Batman!

Esta entrada estuvo a un poquito de no ser nada, de no existir. Demasiado cansancio físico y mental -mucho qué pensar, mucho qué pensar- hacían trastabillar su realización. Esto, todo esto, hasta la llegada de mis informantes con una noticia que, más que merecer ser tratada, me obliga a hablar: en Australia (cardíacos y amantes de los perros abstenerse de leer), una serpiente pitón de cinco metros de longitud y cincuenta kilogramos de peso, se tragó, completito y sin preguntar si era de alguien, al perro chihuahueño de una familia de la localidad de Brisbane, en la enigmática isla del complejo de Oceanía.
.
Leyeron bien. No conforme con rondar al desgraciado animal con días de anticipación, de asustarlo hasta el cansancio -sobra decir que los perros chihuahueños son de temperamento extremadamente nervioso-, la serpiente terminó convirtiéndolo en su bocadillo del día.
.
Lo terrible quizá sea el hecho de pensar que algo así pueda suceder en pleno siglo XXI en un país desarrollado como lo es Australia. Lo terrible y no, pues en México -ya sé que no somos desarrollados, pero igual ahí la llevamos- todavía hay comunidades, tanto rurales como urbanas, donde andar descalzo en medio de alacranes, ratas y serpientes se considera la cosa más normal del mundo. Un niño de origen tarahumara que conocí alguna vez, mientras hacía mi servicio social, me contaba incluso de sus dos mascotas predilectas (foto corroída en mano): "Pluto" y "Daysi", dos arañas capulinas de gran tamaño, a las cuales, responsable el chamaco, daba de comer grillos y moscas, y sacaba a pasear todas las tardes. Sí, leyeron bien: un niño de menor estatura que un frigorífico pequeño jugando con arañas capulinas.
.
Pero el caso de la serpiente tragándose al chihuahua de los Mc Kensey -apellido ficticio, pues mis informantes no han podido conseguirme el dato correcto-, en plena localidad australiana, me suena extraño. Me suena extraño y además me puede. Me puede porque, por sobre muchos otros animales contra los que no tengo nada, los perros me resultan particularmente entrañables. Me suena extraño porque sigo pensando en la posibilidad infinita de que un águila, una rata de alcantarilla o un mapache, llegue una noche y, sin pedir permiso ni dejar sus datos, se devore a mi perro.
.
Mi perro, olvidaba decirlo, es un salchicha de extraños modos que bien podría vivir emancipado de nosotros si no fuera porque cada tarde, a las cuatro en punto, pide a mi madre lo saque a saciar su necesidades fisiológicas. Fuera de eso, come, duerme, ladra y piensa sin que nadie lo incite. No pertenece a ningún sindicado y, lo que es más, no practica ningún culto religioso. Es, pues, un perro decente. ¿Para que de pronto llegue un animal salvaje y lo arranque de esta vida sin darle chance de avisarnos en que órganos intestinal deparará primero? ¡Ah, no, exijo respeto a la vida de los animales decentes!
.
Nez -que así se llama el mío, ignoro el nombre del ahora ya digerido ejemplar australiano-, seguro lee esto y sufre un ataque cardíaco, me demanda por ponerlo en situaciones hipotéticas que le parecen abominables y, acto seguido, se va a vivir a un rascacielos neoyorkino, donde ninguna divina garza lo pueda agarrar, ni ninguna liendre lo pesque. Así lo haría, pero probablemente está ahora mismo tirado en su casita devorando un hueso de pollo, y, también probablemente porque yo de eso no conozco, en estos mismos momentos un pollo está pensando lo feo que es ser devorado por perros citadinos indescentes. Ni hablar, gajes de la vida.
.
Me quedo pensando en el chihuahua -me dicen mis informantes que, tomando en cuenta factores como el tiempo de digestión de las culebras, muy probablemente en estos momentos nuestro amiguito australiano ya está conociendo el intestino delgado. Esperemos traiga fotos-. Me quedo pensando en él y lo compadezco: en un mundo donde la ley del más fuerte rige nuestras acciones, ser devorado por un pitón es el menor de los males.
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Corrección: yo hago pensar a Nez, quien por cierto no debería comer huesos de pollo porque se le pueden atorar, y las liendres y piojos nunca de los nuncas se refugian en los perros, para eso tienen sus pulgas. Besitos.