jueves, 7 de febrero de 2008

Rewindeando...

Muchos han dicho lo mismo. Nietzsche fue el primero, pero como a mí Nietzsche me cae muy mal, retomaré la misma idea desde la pluma de otro, y como no me viene a la cabeza nadie, y ya es muy tarde para estar pensando, lo haré desde la voz -porque, que yo sepa, no escribe, y si lo hace no me interesa- de uno de los profesores de mi licenciatura -bueno, muy bueno, nada consistente, pero excelente en su inconsistencia-. Se llama Barrón, bueno, no, no se llama así, pero así le apodaré para evitar malentendidos con otros Gabrieles -¡oops!, ¿no debí decir que se llama Gabriel?-. Barrón, pues, manejó en alguna de sus clases la idea del eterno retorno: somos, como humanos, seres destinados a viajar en un regreso, sin más fin que la muerte, hacia la entraña materna. . Sí, oyeron bien. Si sus reducidas capacidades poéticas no les permiten imaginarse a sus treinta y pico, con mucha panza y mucha vida, metidos en los vientres de sus -quizá hasta finadas- progenitoras, pues imaginen de nuevo. Al morir, ¿no descendemos al ceno de la madre tierra, de la cual salimos un día quién sabe en qué alegato biológico-existencial? ¡Ah!, ¡touché! . Pues yo ando desde ayer en un constante retorno a mi librero. Me he visto en la necesidad irrenunciable de revisar los textos que, desde hace muchos años, leo -no todos- y acumulo en los libreros de mi cuarto. ¿La razón? Encontrar uno entre todos esos ejemplares, hojas y hojas con tinta y tinta, uno nada más, que sea novela, hispanoamericana -si no ella, pues ya de perdis su autor- y que haya sido escrito entre el año 1901 y el 2000. ¡Qué cosa! ¡Lo que no ve uno al volver al librero! Si para Barrón el eterno retorno es la razón de la movilidad misma de nuestra vida, de la vida de cualquier humano, para mí este retorno al librero me trae muchas historias y me abraza con líneas y líneas de franco y afable párrafo, aunque no me saque de mi habitación . ¿Qué si ya escogí? Pues estoy todavía entre El coronel no tiene quién le escriba, de Gabriel García Márquez -¡al suelo para que pase el rey!-, y otras tantas que no mencionaré porque sus autores -autoras, de hecho- suelen ser más que aborrecidas por mis profesores de la facultad, pero que igual yo sigo amando y que siguen constituyendo mis sueños más lejanos. Me reservo, pues, el derecho de admisión en el regreso al librero. . Ya es viernes, apenitas, pero ya... ¡hoy toca, pues! . ¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Mmmmmm, Barrón... pues sí, el eterno retorno, o no comprar otro libro, como sea. Opciones hay muchas, pero quien elige en realidad es el profesor. Te tengo una propueta... Santa. Jajajaja, ya sé, es una mala broma, perdón.