martes, 19 de febrero de 2008

Memorandum para mí.

Hoy, a casi dos meses de haberlos cumplido, me doy cuenta que a mis veinte años siento ya que la vida se me está yendo de largo y sin avisar. Hoy, a por lo menos cuarenta y cinco días de haber partido el pastel -esta idea es meralmente referencial: en mi último cumpleaños no partí pastel sino molletes de Sanborns-, hoy, a tantas semanas, descubro que he estado sintiendo que la vida se me va sin poder hacer nada con ella y sin haberme cersiorado de dicho sentimiento. Ni modo, así suele suceder, cuando de pronto un acontecimiento -o una charla de café- te recuerda que hasta hace pocos meses tenías ideales, esperanzas y deseos insatisfechos, cosas, pues, por las cuales vivir otros ochenta años. .
Y como es raro que yo me quede con las manos cruzadas ante descubrimientos como éste, ideé, con la ayuda de la siempre maravillosa Arandera, el iniciar una lista de "Cosas faltantes por hacer en vida".
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No, no son propósitos, y no, no voy a morir si llego a los cuarenta sin haberlas hecho todas. Son meros recordatorios de que aún hay camino por andar y de que, si bien las reglas y los procedimientos cambian, y la personalidad se desarrolla, se templa, las notas faltantes deben estar siempre presentes para no olvidar que el camino no ha finalizado.
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Iniciaría la lista -que como todo proyecto está sujeto a cambios- con conocer el circo. No es que me sea insufrible no haber pisado nunca las gradas de una carpta circense, pero necesito vivir esa experiencia tarde que temprano, por lo menos para tener algo más que contar. Mi lista seguiría con hacer una sesión de fotos personales de desnudo artístico. Sí, leyó usted bien: desnudar mi piel para mostrar el alma. La Arandera ya se ofreció para esta segunda "Cosa faltante por hacer en vida", y me parece que sabe hacer bien su trabajo, así que no veo impedimento.
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Seguiría la lista con dos acciones parecidas pero no iguales. Parecidas porque son viajes, no iguales porque son a distintos lugares y con personas distintas: llevar a La Malagueña al D. F. y a La Arandera al para ella desconocido mar. El primer viaje es de amoroso rigor: quiero tanto a mi china consentida que no puedo evitar desear compartir esa experiencia con ella. El segundo viaje es más bien esperanzador: que ella encuentre, en el abismo del mar, la finalidad de sus deseos y el valor de sus audacias.
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Lo siguiente sería conocer la nieve. He pensado en Aspen o Canadá, pero creo conformarme con la del Nevado de Toluca. La sexta, y porque se pone densa la cosa, sería visitar la tumba de Cervantes, en el exconvento de los Trinitarios en el centro de Madrid, o la de Cortázar, ¿en París? Méndigos informantes malapaga.
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La lista, por lo menos hasta ahora, terminaría en el número siete con la lectura imposible de dos obras literarias que han sido un constante referente en mi vida, referente al cual nunca he podido acceder del todo. Una, la más compleja quizá, se llama desde que existe Ulises, y su autor fue, es y seguirá siendo un tal James Joyce. La otra, inspiradora y dadivosa, se llama también desde que existe Drácula, y su autor también fue, es y seguirá siendo un tal Bram Stocker.
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Mi lista termina aquí. Se perfilan otras opciones a enlistar como conocer San Francisco, California, ver a un niño nacer -está difícil... si no es mío ni soy médico, ¿cómo demonios pretendo hacer que me dejen presenciar un parto?-, y participar en una pasarela de moda -más difícil todavía por razones físicamente corporales-. Muchas son vanales, lo sé, porque incluso a la lista seguiría también probar el absinth y ser entrevistado, pero vanales o no son parte de mis deseos.
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Mi entrada debe terminar porque al escribirlos los deseos han estado aflorando y ahora son demasiados. No ha sido un día fácil y tengo otras cosas qué pensar -muchas verdades a medias- que no son necesariamente las miles de cuestiones que no he hecho todavía. Les prometo -me prometo- hacer algún día una lista para ponerla bajo mi perfil en esta página de modo que yo mismo pueda estar recordando constantemente que, si hoy las cosas andan pasando algo rápidas y he estado diciendo menos cosas de las que debería, y que he andado jugando al "acumulador de silencios", todavía hay más cosas por hacer, decir, leer y vivir, y más tiempo por existir para dedicarlo enteramente a hacerlas. En vida, Agustín, en vida.
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¡Salud!

2 comentarios:

Agus... dijo...

Tengo que decirlo hoy mismo, aunque sea como una leve extensión de esta entrada: el día de hoy, martes 19 de febrero de 2008, Fidel Castro, mandatario cubano, dictador, renunció al poder. Eso no significa que... mejor mañana hablo de eso en otra entrada.

Buenas y mejores noches.

Wendy Piede Bello dijo...

En vida y acompañado Agus. Tus deseos, son mis deseos y me da mucho gusto que ts deseos me deseos me incluyan, Yo te apoyo y lo que yo pueda hacer para que tus deseos sean realidad, lo haré sin duda y sin condiciones.