jueves, 28 de febrero de 2008

La emancipación de la tortuga.

A Lorenzo, el segundo y el único,
por su inagotable terquedad.
Me perdonarán pero por segundo día consecutivo hablaré de animales. Bueno, quizá muchos consideren que es asunto similar hablar dos días seguidos de política. Pero no, me refiero a que ayer hablé de pitones y perros chihuahua familiares deglutidos, y hoy, cuando estoy pensando mucho en cosas que no me competen del todo, he decidido hablar de uno de mis animales favoritos, que ha recibido, junto conmigo, una noticia que nos llena de gozo a los dos. El animal es la tortuga, la noticia, su salida de la lista de animales en peligro de extinción publicada cada sexenio por el grupo ecologista internacional Greenpeace. .
Toda esta información, como siempre, como nunca, me la traen mis informantes. El día de ayer, mientras muchos pensábamos en la capacidad dadivosa de las relaciones humanas, Greenpeace, caracterizado por sus manifestaciones sonoras y diversas, ingeniosas siempre, publicó su habitual lista de animales en peligro de extinción. ¿La buena? Ya la he dado: la tortuga, un quelonio hacia el cual siento particular aprecio -no me pregunten por qué, ni yo mismo lo sé, pero así son los sentimientos, indescifrables-, salió de la lista con paso lento pero consistente, lento pero seguro, lento y, espero, para no volver atrás.
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La tarea no ha sido fácil. Platicando con mi buena conocida La Plantadechícharosmágicos, quien en repetidas ocasiones ha participado en campañas de liberación de tortugas en playas vallartenses, me explicaba lo cuidadosos que deben ser quienes participan en dichas actividades. Las tortugas, que tienen más depredadores que un ciudadano en la Cámara de Diputados, suelen ser carnada fácil y alimento deseable para muchos buitres, lobos marinos y hasta pelícanos que van tras sus verdecillos cuerpecitos acorazados, todo ello gracias a que no pican, no producen veneno y no tienen púas. ¡Bendita naturaleza que las puso a fracasar!
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Y como no hay medios de protección adecuados, el número de ejemplares liberados en una campaña -además de las de mi amiga, tengo conocimiento de las que realiza el grupo mexicano de rock Maná continuamente- suele ser muy distinto al número de ejemplares sobrevivientes. Según mis informantes, de cada diez tortugas liberadas, sólo dos llegan a vivir más de tres años después de su liberación. Esto, todo esto, por la acción de depredadores naturales. Y si agregamos la acción del hombre, que es totalmente antinatural, nos quedamos con cero tortugas de cada grupo de diez.
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Hoy, en diversos lugares del mundo donde la tortuga acostumbra desovar, ya existen leyes que sancionan a los ladrones de huevos y raptores de caparazones. En México, según me llegan informes rápidos y contundentes, las penas por cazar tortugas o robar sus huevos pueden significar hasta diez años de cárcel o multas casi millonarias para el detractor.
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En México se hacen esfuerzos, sí, pero todo ha sido tan gradual que apenas ahora, con la lista publicada por Greenpeace, podemos tener mediana certeza de que nuestros pasos lentos, lentos como los de la Caretta caretta (nombre científico que recibe el especimen normalmente conocido como caguama), van hacia un lugar certero y provechoso.
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Falta mucho. El año pasado, según más informes -mis informantes andan hiperactivos-, Fundación Azteca liberó más de tres mil ejemplares en diversa playas del país. Aún así, y aunque fueran treinta mil, falta mucho. Falta proponer, participar y legislar. Más leyes, más penas y más condenas para quienes intenten exterminar tortugas, lobos blancos y águilas calvas. Más leyes, más penas y más condenas para quienes intenten robar huevos, vender cachorros y cazar en vuelo. Más leyes, más penas y más condenas, para quienes se opongan a la liberación de tortugas, callen el comercio de animales en peligro de extinción o, ya irreparablemente, acaben con sus vidas. Más leyes, más penas y más condenas para quien crea que la ley del más fuerte coloca a los humanos a la delantera, y que eso nos da derecho a exterminar por exterminar. Más leyes, más penas y más condenas para mí por extender tanto esta lectura.
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En horabuena por mis amigos los quelonios. ¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Amén.

En vez de:"cielos, que extraño", Cas dijo. "estás enamorada".