lunes, 11 de febrero de 2008

Ganar la casa.

Shock. Así defino el día. Declaraciones, observaciones, captaciones, disertaciones, eliminaciones, este fue el día anual -eso espero, con uno en 365 basta- de las "ciones". Yo no sé qué habré hecho para merecerlo, pero hoy hubo de todo... como en carnaval veracruzano. Por razones de seguridad -muchos implícitos en ciertas "ciones" leen este blog constantemente- no enumeraré -como quisiera- toda la cantidad de acontecimientos "shockeantes" que se sucedieron hoy, sino aquéllos, únicamente aquéllos, uno solo, de hecho, que no podría costarme una amistad... o la vida.
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Aunque no lo saben ustedes, pero seguro lo averiguarán si revisan la lista de libros de cabecera anexa a este blog -comentarios abstenerse al respecto-, una de mis novelas favoritas -por el momento de mi vida en que la leí, por las circunstancias de mi vida en que la leí, por lo mucho que la leí, por lo mucho que recomiendo que la lean- es La casa de los espíritus, de la chilena -nacionalizada estadounidense, que no norteamericana-, Isabel Allende. No, en este momento me contengo y limítome a hablar no de lo mucho que me gusta, no de lo mucho que admiro la capacidad que tuvo Allende, en su ópera prima, de elaborar un "tejido narrativo" suficientemente fuerte como para sostener una enunciación brillante de cincuenta años de la vida de un país -Chile- a través de la narración de la vida de tres generaciones de mujeres, o tampoco de lo mucho que admiro a Allende por su capacidad para aceptar la nacionalidad gringa pese a las inevitables críticas de la que la hicieron presa fácil todos sus lectores y admiradores latinoamericanos -vamos, vamos, se necesita valor para pasarse al bando de los "malos" y seguir escribiendo en el idioma de los "buenos"-. Hoy, aunque ya lo hice, no voy a demostrar mi fanatismo.
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El punto es que, después de mucho sufrir porque en mi carrera Allende es, no sólo criticadísima sino repudiadísima -que si no es literatura lo que hace, que si lo que hace no es nada, etc., quéseyo- hoy un profesor la ofertó como opción para elaborar un trabajo de análisis literario sobre un autor latinoamericano. Al terminar la clase, cuando yo sonreía como idiota pensando en el prólogo de mi "magnus opera", La Carlos se acerca con su sonrisa coquetona y me dice sagazmente: "Agus, te están ganando a tu Chavela". Mi cara de pendejez extrema delató mi insuficiencia mental: "¿Y?". La Carlos contrataca: "Pues que los autores analizados no se pueden repetir". Miré, zoom de por medio a mi rostro afligido, la cara feliz y rebosante de La Lonja siendo admitida por el profesor de la asignatura como "analista oficial de Isabel Allende". ¿Que si me desmayé? Lo hubiera hecho de buena gana, pero estaba demasiado preocupado por procurarme otro autor "delicatessen" como para andarme afanando por ejecutar un desmayo de actuación oscareable.
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Ni hablar. Allende será para la tesis. Y ésa, querido mundo, será mi venganza contra la prontitud de La Lonja y su poca capacidad para entenderme -¿egocéntrico yo? ¡nombre!, total, ¿qué tanto es tantito?-. Y si La Lonja no se agarra, en una de esas hasta sale trasquilada -como notarán, La Lonja no es mi amiga ni por asomo de infelicidad-.
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Es lunes, lunes de guácalasmequieromorirsalebye. Así que no toca, y no tocará hasta dentro de... el viernes, pues. Mientras tanto...
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¡Salud!

2 comentarios:

Butterflied dijo...

Yo no me hubiera desmayado, me hubiera tirado por la ventana directamente.

Empecé a leer La Casa De Los Espíritus, recomendado por mi profesora de literatura... Pero lo acabé dejando. Por aquel entonces tendría unos 14 o 15 años y no sé por qué, pero no fui capaz de seguirlo... Y tengo una deuda pendiente... Algún día lo volveré a empezar, tengo ganas de leerlo desde otro punto de vista.

Gracias por tu comentario y aquí tienes tú también a una lectora. ^^

Wendy Piede Bello dijo...

Sí voy a opinar sobre tu lista: Muchos no los he leído, jajajaja. Beso.