viernes, 1 de febrero de 2008

"Fácil, fácil como se hace la vida aveces".

El título de esta entrada proviene de uno de los más genuinos y representativos textos literarios cortos que he leído provenientes de escritores jóvenes del México actual. Para no hacer el cuento más largo, lo escribió -el cuento, y por ende el título- La Malagueña, esa amiga mía que si no fuera mi amiga... Viene a colación porque este ha sido un viernes fácil como se hace la vida aveces.
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Si ya se le consideraba sexy -?- y apuesto, gallardo -??-, ahora El Meromerosaborranchero ha quedado consolidado como todo un galán: de sus habilidosas y ecónomas manos, salieron como cinco buenas tandas de sabrosas piñas coladas que, si no fuera porque llegué a mi casa medio muerto de frío, después de atravesar literalmente toda la ciudad, me hubieran resultado "acaloradamente esquixitas".
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Eso sí, el calor lo pusieron los amigos. Ellos, con todo y sus demencias personales y sus faltas de lo que se le ocurra a usted, ellos, a quienes cada día compruebo más sé escoger con felices resultados, ellos, ellos hacen la vida fácil. Junto a La Malagueña, el mencionado Meromerosaborranchero, y otros que ustedes no conocen -ni están por ahora en facultades de-, he pasado una tarde lo más excepcional e inolvidable. Al llegar he jugado dominó, me ha invadido el triunfo tres o cuatro veces seguidas, y luego he desertado al notar que el frappé de mi piñada se derretía sin que yo pudiera disfrutar su tersa magia. Al verlos -y eso que no estaban todos los que son, y ni eran todos los que estaban-, me he preguntado mucho qué debí hacer bien en mi vida pasada para que me tocara conocer a individuos tan singulares. No todos, claro, los que estaban en la fiesta son mis amigos, pero los que sí lo eran y estaban son, irrenunciablemente, un recordatorio fidedigno de que la vida merece la pena por ciertas y muy específicas cosas, los amigos entre ellas.
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Mañana viene a comer a mi casa -que también es su casa si me ayudan con los gastos- otra gran, gran amiga. La Zucaritas invadirá este lejano paraje con su sonrisa sincera y me platicará, en reunión secreta de Estado, sus últimos idilios amorosos. En ella, muchos seres extraviados bien podrían encontrar la esperanza que necesitan para creer que todavía hay gente buena -de veritas de veritas- en este mundo que nos es cada vez más ajeno. Ella es bondad certera, no de ese tipo de bondades que se pierden en la negación de los problemas. Ella vive la vida y, aquí el más grande de los tesoros que me representa, deja vivir la suya a los demás. Por obvias razones, su vida fácil es más fácil que la mía. Le he prometido que mañana que venga comerá mucho y veremos muchas películas sin necesidad de atenderlas, pues con el rumor de Will Smith matando monstruos atrás -ver entradas anteriores- nos divertiremos de lo lindo actualizando nuestras vidas. Vida fácil, como se hace aveces.
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Me dicen mis informantes que me estoy atrasando en mi trabajo en el periódico -por cierto, escribo, investigo y entrevisto para un periódico-. Hoy me ha llegado mail de la jefa solicitando más reportajes que, sinceramente, no estoy muy dispuesto a hacer. Pero, si la vida fuera fácil siempre, yo no estaría escribiendo esto sino viajando por Europa o comiendo caviar en mi mansión texana de estilo arquitectónico tolteca -rico y todo, pero mexicano al fin-. Ni modo, fácil, lo que se dice fácil, la vida lo es sólo aveces.
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Es viernes, sigue tocando.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Fácil, fácil, ¿ves?, es fácil aceptar que valió la pena el viaje.