miércoles, 6 de febrero de 2008

Falling, yes I'm Falling!

La imagen en sí misma es sorprendente. Yo tengo aquí a mi lado el diario, abierto en la portada, y todavía no lo puedo creer. Resulta que en un lugar de Alemania, de cuyo nombre no quiero acordarme, un niño cayó de un quinto piso durante un aguerrido incendio en una torre de departamentos. Bueno, no cayó, porque a su edad caer está permitido, y levantarse es una obligación. Más bien, sí, más bien, lo dejaron caer. Todo, claro está, no con un espíritu infanticida al puro estilo de Herodes en sus mejores tiempos, sino intentando salvar la vida del pequeñín de, me dicen mis informantes, año y medio de mísera e infrahumana edad.
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Y como decían en un célebre programa español de concursos, de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, ¡prueba superada! El pequeñín cayó, y cayó bien. Lo recibieron las manos de un bombero que, pronto cual policía chilango a la torta de tamal, pusos sus brazos al servicio de la humanidad. Si hace tres días una señorita -nombre impronunciable, ni siquiera merece un apodo- en mi salón de clases decía que estudiaba para cambiar al mundo, este bombero lo logró sin proponérselo. Cambió al mundo por salvar una vida, y estoy seguro que el pequeño se lo agradecerá, al menos el tiempo de su infancia que logre vivir emocionado con la idea de vivir. La adolescencia, I'm so sorry, será otro cuento.
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Veo al bebé caer una y otra vez y sigo cuestionándome. No es que yo no me cuestione comúnmente, de hecho lo hago todo el tiempo, pero mi pregunta interna, la duda que me carcome las entrañas y me impide respirar -achis, achis-, es mucho más profunda ahora: ¿qué pensará el niño salvado -de origen irlandés, por cierto- cuando llegue a adulto y vea esta foto que yo mismo, a mis veinte, estoy contemplando a muchos kilómetros de distancia de su flameado y europeo hogar? Espero no voltee a su alrededor y, topándose con un mundo más acabado que el mío, sude frío y diga: "Wüdndersterritfnsinfe reichtsitensasstzcalölnësdp", lo que significa, en español -o algo similar- "¡Cabrones! Me hubieran dejado caer hasta el suelo!" Lo espero, con ansias.
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Ya es miércoles. Si leen esto hoy o mañana, o cualquier día de la semana entre lunes y viernes, los invito a escuchar el programa radiofónico de un buen, muy apreciado compañero de salón. Él se llama Daniel, pero por motivos de privacidad -¡oops, no debí decir que se llama Daniel!- le apodaré Don Dante -¿ya dije que no diré que se llama Daniel en realidad?-. Les paso la dirección radiofónica, pues es vía internet. Empieza a las 23 horas y se acaba a las 0 de mañana, jueves, y si sigue aguantando bara -lo cual espero-, lo estamoremos oyendo cada día de lunes a viernes a la misma hora en el mismo canal web. http://oniro.listen2myradio.com
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

¡Qué impresión! Lo más problabe, es que desee haber caído, hasta el suelo.