viernes, 22 de febrero de 2008

El agua al coco.

Hoy, en veloz y extraña charla con cierta amiga, recibí la noticia más extraña de mi vida: doy más consejos de los que me piden. Aunque para muchos este descubrimiento podría ser provechoso, a mí no me deja del todo satisfecho. Resulta que hablo de más y turbo a las mentes que, insatisfechas con la vida, vienen a mí sólo a ser escuchadas. Como no me puedo quedar callado, suelto mi opinión, meto la cuchara a destajo y acabo con lo más rico del cream boulé, osea, con la costrita protectora de caramelo.
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Como según yo soy muy consciente de mí mismo, este descubrimiento me hace repensar ciertas acciones. Mi amiga, cuyo nombre no mencionaré porque podría leer esto y confirmar que es ella, aunque en verdad nunca entre a esta página, me ha hecho ver que no sólo aconsejo cuando no se me provoca a hacerlo, sino que además de todo mis consejos son "chapados a la antigua". Yo, lector, visitante de galerías, gustoso del arte y sus vericuetos, no he encontrado, al parecer, ni siquiera en el arte la libertad del espíritu. Doy consejos de puritano y, no conforme con eso, juzgo y sentencio. No me preocupa ser puritano... me preocupa que mis amigos no entiendan o respeten mis modus operandi. ¿Y por qué? Pues porque entonces no están entendiendo la razón de mis actos, que es, primariamente, procurarles un bien.
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Lo de mis juicios aferrados ya lo sabía desde hacía mucho tiempo, también por pláticas con otra amiga, La Traviata. La Traviata, muy temerosa, me confesó que cuidaría lo que me dijera en adelante pues mis juicios podrían hacerla sentir mal. No me dolió entonces, y creo que hasta ahora comienza a rascarme la cociencia.
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No sólo son malos tiempos, sino que además de todo doy malos consejos en los malos tiempos. ¡Chale! y yo que creía estar ayudado diario. ¿Qué he hecho entonces en bien de la humanidad? Comienzo a temer que nada, y esto contraindicaría totalmente la entrada anterior de mi blog. No lo sé, es viernes, toca, y las cosas pueden ponerse más densas con tanto asunto por pensar.
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Así que me despido invitando. Invitando porque no vuelvo a dar consejos no pedidos. A partir de ahora procuraré aconsejar en mi cabeza, solucionar el mundo con la almohada y reservar una sonrisa para el afligido que se acerque a mí. Una sonrisa y un abrazo... y nada más.
. La Malagueña sale hoy con El Toribio, su galán -que no mi amigo- que le ha renovado la esperanza. Mi amiga la descubridora probablemente hoy también salga con su galán, a quien no apodaré porque su nombre me gusta mucho, pero del cual tampoco mencionaré su nombre porque así ya sabrá de quién hablo. Mi otra amiga, La Casicasi, quizá trabaje hasta muy noche. Mi amigo El Filósofogalán quizá tenga mucho sexo hoy por la noche, como todas las noches. Hoy, pues, tocará para él.
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No extendí bien la invitación. Invito al Paraninfo, para la premiación de una cineasta tan famosa que hasta su nombre olvidé. Me voy pensando. Probablemente llegue allá y siga pensando, haga la nota del día y regrese pensando. Probablemente no entreviste a nadie. Probablemente regrese mañana.
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Mañana es sábado, ya no toca.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

A mi me has ayudado mucho con consejos no solicitados, pero los pediré, además de tu hombro y tus brazos siempre dispuestos, nada más de ti puedo pedir. Gracias.

Butterflied dijo...

Hay veces que los consejos no se piden, que salen sólos porque nos gustaría ayudar a la persona que tenemos en frente y no creo que eso sea malo, ¿no?

Y sobre las convicciones... ¿Qué vas a hacer? ¿Cambiar por no ser como los otros? Qué va, chico... Sigue siendo tú mismo, defiende tus creencias y verás como te sigue yendo bien...

^^