lunes, 18 de febrero de 2008

Con ñ de chingón

Para La Malagueña, que hoy llegó a los veinte, por el gusto que compartimos de comunicarnos en una misma lengua, de ser amantes... de nuestro idioma.
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En 2011 le habremos roto los cojones al inglés. Sí, lo dije bien y lo leyó usted mejor: la Fundación Telefónica -no me pregunten por qué, pero así se llama-, con sede en Madrid, realizó un estudio demográfico y lingüístico social de la expansión del español, ese idioma que usted habla o entiende y en el cual yo escribo, hablo, pienso, comprendo, amo, escucho, dialogo, interpreto, siento, vivo. Como entenderán, antes que mexicano o lector, incluso antes que ser Agustín, soy hispanohablante.
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Según la Fundación Telefónica -y mis informantes, que han traído hasta mis manos la información-, hoy somos ya 399 millones de hablantes en el mundo, lo que equivale al 5% de la población mundial. Nos superan los chinos, por la cantidad de individuos que forman su patria única, y los angloparlantes, que, según el informe presentado ayer por la Fundación, son en su mayoría hablantes de otras lenguas que han aprendido el idioma inglés por necesidades financieras y otros alegatos globalizantes.
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¿Y si ya éramos muchos por qué hasta ahora nos dicen que dentro de poco seremos ya la segunda en la lista mundial y el inglés, simplemente, no nos verá volver? Pues porque en diez años, según estudios, nuestra lengua ha crecido un 8% en el manejo de negocios y cuestiones culturales. Es decir: hoy, en comparación con 1998, nuestro idioma -el mío y el suyo, si me ayudan con los gastos- cierra 8% más negocios y es aprendido-degustado por 8% más cantidad de personas. ¿Y eso es mucho? Bueno, en esos mismos diez años, la cantidad de presencia del idioma francés en los negocios ha aumentado tan sólo un 3%, mientras que el inglés ha descendido en un 2%. Osea que estamos, y estamos bien.
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Yo no sé a ustedes, pero a mí mi idioma, y tener la oportunidad de vivirlo, me hacen sentir muy orgulloso. En la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a la que asistí acompañado por la hoy veinteañera Malagueña -¡vamos, Malagueña, que decirte diezydiezañera es demasiado!-, se organizó una conferencia titulada -¿alguien sabe la diferencia entre "titulada" e "intitulada"?-: "¿Para qué chingados sirve el español?" En tal ponencia, uno de los expositores, a mi juicio el más magistral de todos, enlistó una serie de precisas -y preciosas- razones que justifican, desde siempre y para siempre, la existencia y el uso del idioma castellano. Entre muchas otras que ya no recuerdo, el expositor, cuyo nombre tampoco recuerdo ya, mencionó la posibilidad innegablemente hermosa y dadivosa de leer a Cervantes, Neruda, Juana de Asbaje, García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes, Del Paso, Allende, Quevedo, Sabines, Benedetti, Rulfo, Arreola y otros tantos genios, en su idioma original. "Y si eso no les basta", agregó el comentarista, "faltará mencionar la capacidad que tiene el español para insultar hasta de ciento ochenta y cinco formas distintas, usando adecuadamente el verbo "chingar" ". ¡No me chinguen, qué idioma tan chingón!
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Yo, orgulloso portador de mi idioma, ni soy experto en él -en ésas ando- ni lo creo el mejor, esto último porque no hay idioma mejor que otro. Pero sí creo, sin dudar ni un poco, que si Homero, Virgilio, Séneca y Platón hubiesen conocido el español, ése, el castellano de los años mozos, hubiera sido el idioma de sus obras y no el griego o el latín. Y, siendo más aventurado, también me atrevo a creer, porque no considero otra posibilidad, que si Dios pudiera hablar con los humanos, lo haría siempre en español.
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¡Salud!

2 comentarios:

Luis dijo...

qe onda aguz... amm PoOz zii. le netha aunke no zkribo nOestrO lenguaje qoOmo ez jaja por Qe ze me qedO azii de platikar deberia zer la lengua univerzal x zer la mas dificil de aprender, la mas konkreta ii konsiderO la mas perfecta.... prO weno te dejO mi opiniOn... oqei... kuidate ze te kiere

Wendy Piede Bello dijo...

¡A huevo! ¡El español rifa! Me encantó tu entrada, gracias por la dedicatoria. Yo por eso, me voy a tatuar una Ñ en una chichi. Te quiero cabrón.