domingo, 17 de febrero de 2008

Chocolaterías.

Nunca he tenido un atasque de chocolate. Me he atascado de galletas, nieve, palomitas de maíz, pero los chocolates han sido siempre para mí motivo alimenticio de reserva. Los veo y, cuando más antojo siento, como dos o tres y luego me voy a otra cosa. Creo que la vida es muy corta como para pasarla sentado o recostado deglutiendo cocoa con masa de lactosa emulsificada y glucosa. .
Pero las cifras que hoy me traen mis informantes, obtenidas de la magestuosmente inútil revista Selecciones -ok, ok, no es tan inútil, pero sí es un documento mensual, testigo digno de leerse, de la histeria y el estrés en que viven los estadounidenses-, decía, pues, las cifras que hoy me traen mis informantes, me demuestran que mi caso es casi inusitado en el mundo actual.
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Hoy, más del 70% de la población mundial ha tenido alguna vez en vida un atasque de chocolate. Dicha compulsión alimenticia, caracterizada por la deglución excesiva del alimento descubierto y modificado por los antiguos grupos mayas de Centroamérica, suele estar ligada a grupos específicos de sexo y edad -mujeres entre los veinte y los cuarenta y dos años mayoritariamente-, así como a períodos prolongados de estrés o depresión clínica no medicada. ¿Y qué tanto es tantito? Pues según mis informantes, que de todo esto saben mucho porque, además de leer Selecciones como bólidos, son unos atascados, científicos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, en la Ciudad de México, han recibido casos de pacientes que en un período corto de tiempo -entre quince y treinta minutos- han consumido hasta kilo y medio de chocolate. Sí, oyó usted bien, kilo y medio.
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¿Y por qué tanto atasque? Según mis informantes, la cosa está en las sustancias químicas que los chocolates poseen. Una de ellas, la xerotonina, encargada de realizar conexiones interneuronales, parece estar relacionada con la estimulación de la hipófisis para que ésta, glandula bonita, produzca endorfinas, hormonas aún más bonitas que nos ponen -que no nos hacen- felices. Así que sí, comer chocolate nos pone felices, de modo tal que, al comerlas los pacientes depresivos, sus neuronas se enlazan de una manera tan bruta que la cosa se pone feliz. Y si a eso agregamos kilo y medio de estimulante delicioso -porque el chocolate, pocos lo niegan, es rico rico- pues la pachanga feliz deriva en orgía estimulante.
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Pero la cosa se pone fea cuando el hígado intenta deshacer las intrincadas cadenas de carbonos, hidrógenos y oxígenos que forman los ácidos grasos del chocolate. Cuando una porción regular de chocolate bien podría estimular al organismo y generar un buen desarrollo de las funciones corporales, una porción excesiva lo haría trabajar tanto que las consecuencias podrían ser irreparables para los órganos internos encargados de la digestión. ¿Y la engordada? Pues parece que engordar por comer chocolate sería el menor de los daños ocasionados al cuerpo humano por el excesivo consumo de este alimento. Así de rico, así de peligroso.
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La cosa está en que, esto no según mis informantes, sino según yo y mis circunstancias, hoy vivimos más estresados, más deprimidos y, ¡oh, extranjera circunstancia en un mundo de 6,000 millones de habitantes!, nos sentimos más solos. Más que nuestros abuelos y los que les antecedieron. Hoy tenemos psicólogos, psiquiatras y especialistas en la mente como en el pasado había especies de árboles o animales que hoy están extintos. Hoy tenemos más conocimientos, más avances médicos y tecnológicos y más remedios al alcance. Hoy, sin embargo, cuando volteamos nuestros instrumentos de auscultación hacia nuestras mentes para saber cómo fabricar el Prozac, no hemos logrado entender que la cuestión no está en cómo pensamos, sino en qué se nos ocurre pensar. Hoy, tristemente, nuestros avances no logran detener nuestros miedos ni frenar nuestros instintos primarios. Hoy, aún más tristemente, somos seres destinados a comer kilo y medio de chocolate para sentirnos mejor, cuando sentir, más y más triste se pone la cosa, no es igual a vivir. Hoy, con todo y chocolate, no vivimos mejor.
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Yo, por eso, me limito a atascarme de otras cosas... ¡y al que me diga algo lo mando a deprimir!
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¡Salud!

3 comentarios:

Gala dijo...

El chocolate, yo vivo del chocolate y de las depresiones del mundo. Y sabes que lo que digo es literal.

Todo eso del chocolate para mi gusto fue un pretexto para tocar el tema de la depresión. Qué fuerte está todo eso de la depresión, mencionaste Prozac y un dato -también de esos que se quedan muy arraigados a las neuronas- es que las personas que consumen antidepresivos por períodos prolongados de tiempo –sobre todo mujeres, gracias- tienen muchas “más” –como si fueran pocas- para llegar al orgasmo.

Solos, con antidepresivos, sin orgasmos, a veces sólo queda ingerir más de un kilogramo de chocolate, que no sólo tiene xerotonina –qué si pone muy feliz, no tanto como unos buenos vodkas- también contiene feniletilamina (FEA), esta última es químicamente una amina aromática, semejante a las anfetaminas, es además un alcaloide y un neurotrasmisor –también contenida en los quesos ¡benditos lácteos!- ahh por qué la menciono, es sencillo, este componente está relacionado con la química del amor, que para las personas que ya no creemos en él a la Walt Disney, es una manera bastante lógica de saber porque ocurren ciertas cosas y dejan de ocurrir con el tiempo cuando nos enamoramos. El punto es que la FEA hace que al comer chocolate sintamos el bienestar y salud del recién enamorado. (Está medio intensa esta información)

Así que muchas veces pese a la dieta, el organismo requiere el chocolate, como se requieren 21 abrazos diarios, para ser un poquito más felices en este mundo –qué como tú lo mencionas- está tan lleno de gente pero hay algo –muy seguramente algún fenómeno postmoderno- que hace que nos sintamos solos y tristes.

Besitos Agus!!!

Wendy Piede Bello dijo...

Pues a mi no me gusta el chocolate.

Alejandro Bercini dijo...

Oh extraño fenómeno de la postmodernindad, nos movemos a la velocidad de la luz en materia de ciencia y tecnología, pero retrocedemos a pasos agigantados en materia de espiritualidad y crecimiento personal, ¿Por què? quien sabe, es como si alguien hubiera desatado un virus que ataca los cerebros de màs de la mitad de la población mundial y los hace sentirse solos, tristes, estresados, agobiados.
Todo eso nos lleva a las enfermedades de moda hoy en día: nuestra buena amiga ya muy conocida la gastritis, su evolución la úlcera. También está el cáncer, derividado principalmente -entre otras razones- al nivel de estrés y enojo que maneja la persona, claro que también hay una tendencia genética a desarrollarlo, pero ayuda mucho que estemos estresados. Ahora todo mundo tiene o se muere de cáncer. Que coincidencia. Tenemos también la colitis, encontrada más comunmente entre las mujeres, aunque no todos los hombres se salvan de esta.
La muy frecuente migraña de estrés.

Y es que viviendo en un mundo tan poblado, nos preocupamos demasiado por demasiadas cosas. Está la competencia laboral, ser mejor que el otro para tener un mejor puestos. La preocupación económica pues sin dinero morimos de hambres (desgraciadamente muy cierto), y aunque el dinero no hace la felicidad, ciertamente nos ayuda a conseguirla (lo niegue quien lo niegue, pero es verdad), o ¿Quién hace las cosas de gratis? ¿Dònde puedo encontrar un alma 100% altruista? Nowhere!! si no mejor ni trabajaríamos.
Bueno me despido, debo seguir trabajando.

Saludos desde neverland! Salud!