jueves, 14 de febrero de 2008

Amor al revés es Roma.

Cosa impresionante. Veinte años en esta existencia y nunca he logrado escaparme de un San Valentín. Quizá sea porque antes los disfrutaba -no me pidan que ponga fotos de mi abominable secundaria, cuando las hormonas me traicionaban tanto que un Gremlin era Jonathan Ryes Meyers a mi lado (homenaje bien servido y merecido a mi hoy soñolienta Malagueña)-. Antes los vivía y deseaba que llegaran. ¡Es que era el amor! Un sentimiento que no sabes para qué pero sirve, de algo funciona, y para el que irremisiblemente vale la pena vivir.
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Pero ya no. Quizá fue en la prepa con las enfermedades, los malos ratos, o los buenos, sí, los ratos tan geniales que te hacen pensar realmente si amar a una persona vale la pena como para dedicar un sólo día al respecto. El punto es que abandoné mi idea del amor ideal, y, todavía más, abandoné la ideal del amor. Creo en él, pero no lo divinizo ni lo sublimo a nivel de sentimiento máximo como generalmente hacen los que creen en él a pie juntillas, olvidándose de otros sentimientos igual de productivos, como la felicidad o la venganza -¿no? si no me creen vean lo que gracias a conceptos como la venganza o la ineptitud ha logrado Quentin Tarantino o Martin Scorsese (¿sí es así, Malagueña?)-.
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Por eso, y porque hoy tampoco salí bien librado y recibí de manos de mi amiga La Zucaritas una tortuga de peluche que está de muy buen ver, y que es muy discreta al tener caparazón verde y no rojo y redondo y no acorazonado, y también porque sigo recibiendo chocolates y paletas aunque ya hayan pasado por mi puerta todos mis amigos posibles, hoy dedicaré esta entrada a hacer una breve, brevísima, reseña de los amores inoportunos más gloriosos del arte universal.
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Ella enloquecida, a punto de morir, él ya muerto, y bien muerto. Ella deseando sus años de juventud y poderío, anhelando su nobleza y sus riquezas. Él, bien muerto. Ella creyéndose niña, iguana, mosquito, puta, perra, princesa, reina, emperatriz de México. Él, bien muerto. Ella, Carlota Margarita Amalia de Bélgica. Él, Francisco Maximiliano José de Bélgica. Ella, "harta de beber, muerta de sed, en las fuentes de Roma". Él, bien muerto. Abrumador, ¿no? Es, o algo así, Noticias del Imperio, del genialísimo y recién nombrado Premio Fil de Literatura 2007, Fernando del Paso. Resultado de diez años de investigación bibliográfica en México y el extranjero, la novela de Del Paso es un verdadero informe ejecutivo de la invasión francesa a nuestro país y el posterior imperio de Maximiliano de Habsburgo. Y es, por sobre muchas otras cosas, un tratado sobre la locura, el amor y la lealtad. Carlota, en la novela y en la vida real, envejeció al saber de la condena y muerte de su amado Max. Al llegar a Vaticano, solicitando pronta ayuda de uno de sus más grandes amigos, el Papa Clemente VI, Carlota se porta como toda una "perdida": negada la ayuda, y muerta de hambre, mete su dedo en el chocolate que el Papa degusta en ese preciso momento, duerme una noche en la mansión papal y luego parte para Bouchot, el palacio europeo en donde muere, creyendo ser reina del mundo, a los 93 años, ya entrado el siglo XX.
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Ella, pareja de un líder de la resistencia antinazi. Él, empresario local. Ella, enamorada de él hasta la muerte o el cansancio, lo que le llegue primero. Él, empresario local. Ella, parte del lugar deseando besarlo una vez más. Para Él, empresario local, "We allways have Paris". Son Rick Blaine e Ilsa Lund, más conocidos como Humphrey Bogart e Ingrid Bergman... o todavía mejor conocidos como Casablanca, la singular, fantástica, excepcional, monocromática y clásica cinta de Michael Curtiz que plantea un amor imposible en la ciudad marroquí durante el período histórico de la Francia del Vichy, en plena Europa nazi. Y sí, al final ella se va con su esposo, ayudada finalmente por un Rick Blaine que ha luchado durante toda la cinta por frenar sus ímpetus amorosos y satisfacer su necesidad de buenos actos. Y no, no se quedan juntos. ¿Y el París que siempre tendrán? Bombardeado por los nazis. ¡Ouch!
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Ella, casi igual a ella. Ella, casi igual a ella. Ella medio hombruna. Ella, medio femenina. Una, medio tehuana. La otra, medio china poblana. Una tiene bigote. La otra, ahí la lleva. Son dos, casi iguales, y han conseguido lo que muchos enamorados ansiosos quisieran: abrir sus corazones y compartir sus fluidos sanguíeos... sólo que literalmente. Una se llama Frida, la otra, imagino, también. Son los célebres personajes del célebre cuadro de Frida Kahlo, Las dos Fridas. Símbolo del surrealismo mexicano, el cuadro no está ni en Coyoacan ni en México, sino en el Moma de Nueva York. Hasta allá llegan los latidos de esas dos mujeres que, además de la mano y el vestido típico mexicano, comparten el amor del camafeo que una de ellas porta: Diego Rivera de niño. Nacido de la separación de la artista con el muralista mexicano, Las dos Fridas es todavía hoy latido punzante que amenaza con desgarrar el corazón de los enamorados que lo miran, y el de los que lo gozan, y el de los que lo viven. Es, además de una representación atípica del divorcio, un homenaje a la separación y al dolor que la misma ocasiona. ¡Una vida en sí mismo!
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Ya fueron suficientes. Mis informantes han sufrido demasiado obteniendo tantan información. Quizá el próximo San Valentín, si ando igual de "antiamor" les traiga algo igual de "antiamor". No lo sé a ustedes, pero a mí tanta palabra me dejó pensando que quizá, después de todo, sufrir por amor inspira tanta cosa buena que los humanos deberíamos sufrir de amor antes que amar. No, esperen... ¿qué no es eso lo que hacemos? ¡Ahora caigo! A que sí.
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¡Salud!

4 comentarios:

kazzibeth dijo...

HAY HIJO I LOVE JAJAJAJ AUNQUE ESTES CONTRA EL POR EL MOMENTO ERES UN CHIDO TE QUEDO MUY MUY CHIDIRONGIS TE MANDO MIL BESOS CIBERNETICOS

Wendy Piede Bello dijo...

Abajo el amor. Así es mi querido Agustinillo, así es lo de Tarantino y Scorsese. Gracias por el homenaje, me hiciste tener un orgasmo pensando en el Jhon.

Butterflied dijo...

Gracias. Pero a mí lo que me ha gustado ha sido la última frase de tu comentario. Y también tu forma de usar la palabra.

Gala dijo...

Increíble, no tengo más que aportar ni qué decir, me dejaste un tanto muda -y eso sí que es un tanto difícil-

Genialidad en este post, no puedo decir más!!!

Te felicito, me tenías con la piel chinita, cada que leía un ella, un él, ella, ella, ella él… y la piel se erizaba más, no hubieras puesto nombres, -algo imposible- para que nos hubiera quedado de tarea investigar quienes eran esos “ellos” ¡ja!.

Impresionante en verdad, las dos Fridas es mi obra favorita de la muy querida Kahlo, ella y ella, tal vez Frida-Frida, Frida-Chavela, Frida-María, Frida y otra, qué más da quién, mientras en el combo no nos falte, estamos del otro lado.

Vuelvo a felicitarte y a darte las gracias por hacer que mi cerebro no se seque!!!
Un beso enorme, por el 14 de febrero y por todos los días que restan del año.