jueves, 21 de febrero de 2008

Agus, Potter y las reliquias del temor.

Como si yo no tuviera cosa más interesante por hacer, acepté desde ayer -sobre aceptación advertida no hay engaño inferido- la invitación que mi muy buena y siempre sonriente amiga La Zucaritas me hizo, como no queriendo la cosa, para que la acompañara el día de hoy a adquirir su ejemplar del último libro de la multivendida saga de Harry Potter, escrita por J. K. Rowling, Harry Potter y las reliquias de la muerte. El último y, según la misma Rowling, nos vamos.
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Después de salir volando de la escuela porque los amigos de la Zucaritas-pottermaníacos también- nos esperaban desde hacía dos horas-o más bien, la esperaban a ella, verdadera fan-, llegamos a la librería de un conocido centro comercial. La Zucaritas merodeó su libro como buitre al cadáver que está por agenciarse, muchos niños vestidos de magos me amenazaron con sus estimulantes varitas de brujos insurrectos y yo, inocente como siempre, me refugié en la búsqueda decidida de algún libro de Punto de Lectura.
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Saldo a favor. La Zucaritas adquirió su último libro -¡siete y se animan a decir que fueron pocos!-, yo amenacé con un Saramago a una niña que pretendía convertirme en rana, y muchos, muchos fans del miope mago y sus aventuras desembolsaron, en mi presencia, 233 pesos para obtener su ansiado ejemplar de Harry Potter y las reliquias de la muerte -disponible también en versión resumida: "Cae una bomba y todos pasan a morir. FIN."-.
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Lo que me sorprendió de todo esto no fue el hecho de ver a tantos pequeños aspirantes a hechiceros desembolsar como si nada más de doscientos pesos -lo siento, mis reglas son mis reglas: pagar más de doscientos pesos por un libro es como practicarse un harakiri económico innecesario-. Tampoco me sorprendió ver a personas de la edad de mis padres -estos padres míos que están más allá del bien y del mal- vestidas de magas y brujos recorrer la tienda. Me sorprendió, sobre cualquier cosa y sobremanera, revisar la edición del libro adquirida por la Zucaritas y corroborar un dato que, por simple apreciación visual empírica, ya yo había imaginado: el último volumen de la serie potteriana tiene casi 700 páginas.
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Pienso en mí leyendo 700 páginas. La última vez que hice algo similar fue para anexar a mi acervo bibliográfico y cultural Noticias del Imperio, del fenomenal Fernando del Paso. Y lo leí en año y medio, en periódos descentes de cientocincuenta folios. Cuando lo terminé, me sentía tan cansado que dejé de leer por otro año y medio. La cuestión es que los fanáticos de Rowling y su obra que compraban el texto, comenzaban a leerlo ahí mismo -recargados en los aparadores, sentados en el suelo, obstruyendo los anaqueles- y avanzaban tan rápido que yo pensé que lo que hacían era más bien buscar manchas de impresión. Pero no, leían, y por los comentarios que escuché hacían entre ellos -todo contacto social de un pottermaníaco está reservado a otro pottermaníaco-, leían y entendían.
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700 páginas son un chorro, y lo digo porque libros en verdad clásicos, como La Odisea o La Ilíada, ambos de Homero, o La Divina Comedia, de Dante Alighieri, llegan cuando mucho a las 300 o 400 -y con dibujitos, diagramas y prólogo-.
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Yo tuve la oportunidad de leer un Potter hace un año. La Zucaritas me lo pidió de favor y yo cedí porque eran vacaciones y yo tenía poco dinero para comprar otros libros. Me prestó el volumen tres de la saga (Harry Potter y el prisionero de Azkabán), lo leí, lo agradecí y lo devolví. No es que yo no aprecie la fantasía, es que no nací para desperdiciar mi tiempo en lecturas que me dicen tan poco y que yo debí de haber leído a los diez años cuando mucho. Con mi única lectura a su obra, Rowling me merece un único y halagador comentario: es, por lo que veo en sus libros y en sus fanáticos, una inteligente mujer que ha sabido condensar en una sola historia un cúmulo interesante de dispersas y viejas imágenes que forman parte de la mitología popular, para preparar con todo eso un delicioso taco de garnacha para niños. ¡Aplausos!
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Mientras esperaba a que La Zucaritas y sus gastalones amigos pagaran sus ejemplares -los cuales, por cierto, debieron apartar con meses de anticipación ante la gran demanda-, un niño se me acercó y me preguntó si yo ya había comprado el mío. Le mostré mi Saramago y salió corriendo. Temo que no vuelva, se refugie en su cuarto y salga de él hasta terminar, ya bastante verijón, las -me dicen mis informantes- 3550 páginas que conforman la totalidad de las aventuras del mago adolescente. Temo que no vuelva y Saramago se quede esperando. Temo por Saramago, que cada vez habla menos y escribe más. Temo por Rowling, que está en su castillo escocés, entre mastines y gárgolas, rompiéndose la cabeza pensando qué más escribir. Vuelvo a temer por Saramago y sus grandes compañeros de la literatura universal, que cada vez tienen que bajarle más a su densidad para llegar a más público lector. Temo por Harry Potter, a quien le cae una bomba y muere -"FIN"-. Temo por mí, y el futuro de mi bolsillo con libros que son cada vez más caros. Temo por Saramago, que no es leído por los niños pero los asusta. Temo por los niños, que se asustan con Saramago pero no así con monstruos, brujos, escobas y demonios. Temo por los monstruos, brujos y demonios, que no temen por Saramago. Y temo por mí, que no temo por nada.
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¡Salud!

4 comentarios:

Butterflied dijo...

Me ha encantado la crónica del día. Y me ha recordado que ayer la del "Círculo de Lectores" (una empresa que vende libros y los lleva a domicilio, como un club, no sé si allí tendreis algo parecido), me intentó camelar para que me introdujera en el mundo Potter... Aún recuerdo cuando una amiga y yo llevamos a nuestros respectivos hermanos a ver una de las películas al cine. Como para ponera leerme 700 y pico páginas...

Sobre la canción que puse en mi blog... Pues en parte refleja como me siento ahora mismo... Aunque la canción reza: "Si pudiera llorar..." y hoy en el autobús ya lo he hecho... Y también me he dado cuenta que lo único que me puede aportar es que me maten la dicha...

Dicen que el primer paso es reconocerlo... Ahora hay que ser capaz de superarlo...

Gracias por tus comentarios y sobre todos por tus entradas... Se hacen agradables de leer y me arrancan una sonrisa o una reflexión, que me hacen no pensar en ciertas cosas y falta me hace.

Un abrazo.

Wendy Piede Bello dijo...

Sólo Judas... Tuvo temor.
Te me voy Agus, te me voy. Te me voy hoy al cine con Toribio. No habemos coche aú, pero habemus cita. Emocioooooooooooón!
Estoy mejor, pero creo que ahora sí, tengo que poner un límite de trabajo, por lo menos pasando el día de la vieja.
Te quiero.
Te me voy, te me voy!

mon von dijo...

A mi los potterianos me dan miedo...

Me dolió el estómago al darme cuenta que entre mis amigos hay varios, sino es que todos!

Me llevaron a ver la última película, no entendía mucho, pero lloré. No se si fue la confusión.

Pero bueno hay muy buenos libros de más de 700 páginas que dejan mucho. Y bueno un buen libro cuando es bueno no importa si tiene 30 o 1400. La huella que deja es lo que importa.

chau

Alejandro Bercini dijo...

No seré un superfan de Harry Potter, pero me gustan las historias, además de que los libros son extremadamente digeribles y sirven para relajar el cerebro un rato, no tienes que analizar, ni pensar, ni recordar, ni tratar de entender entre líneas, hay lo que hay y punto.

Lo que si admiro de esta maní aPotteriana es que convirtió a una generación de niños en lectores, algo que se estaba perdiendo de manera acelerada, principalmente en latinoamerica y México particularmente, no será lo más inteligente que pudiera leer un niño, pero por algo se empieza.
Claro que de Rowling a Saramago, me quedo con el segundo, sin duda alguna.

Saludos desde Neverland!

P.D. veo que hay muchas nuevas entradas, tendré que ponerme al día.

P.D. El Conde de Montecristo es de más de 1000 páginas!! y vale la pena realmente leerlo!