lunes, 28 de enero de 2008

Rebelde al colador.

Voy a aceptarlo de una vez por todas y no volveré a decirlo. No porque no quiera, sino porque no vale la pena: me gustan dos canciones de RBD. No, contrario a lo que muchos pudieran pensar no voy a poner una cara llorando o algo así siguiendo a esta declaración.
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Estoy estudiando una carrera profesional donde si uno no proyecta imagen pandrosona (ya saben, tenis, ropa, ideas y pelo desgastados), es como un extranjero en tierra de naturales, como Gulliver entre los liliputienses o Gargamel con los pitufos -ándenle, el mismo odio jarocho de por medio-.
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Pues bien, si no existe un código penal que, dentro de Letras Hispánicas, castigue al "no natural", sí hay una especie de código moral velado que le impide a uno, si es que quiere formar parte de la comunidad educativa -guaquis-, gustar de apocalípticos e integrados de la talla de Rebelde y su consecuente RBD, Costel y Lagrimita y otras sandeces.
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El problema es que a mí no me gusta RBD. (Risas) No, no, de verdad, créanme, no soy fan del grupo (más risas). No coincido con la idea de que todos tenemos que ser rebeldes usando la misma ropa y escuchando las mismas canciones... ¡a duras penas coincido con el argumento de que todos tenemos que ser rebeldes! ¿Por qué si el mundo a mí no me ha hecho nada? Me gustan -aquí mi pecado, ¡caigan del cielo potestades y lamentos!, ¡vuelen almas condenadas y seres absueltos!- dos, dos míseras y efímeras canciones que duran, ¿qué, siete minutos al ponerlas juntas?
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Y me gustan no porque me representen como persona, ya ni siquiera porque me traigan a colación a un ser amado, o a un gusto musical pasado. Me agradan porque, simple y llanamente, me suenan a crecimiento personal. No diré los nombres de las canciones (risas), no, de verdad, no vale la pena, así que no lo haré (más risas). Bien, ok, lo admito, muero por decir qué par de canciones de RBD me gustan: una es No pares, y la otra se llama Tras de mí.
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Bueno, bueno, que tampoco se caiga el cielo ni se amontonen las tempestades del mar sobre la arena. Me gustan porque me recuerdan el fin de mi preparatoria -lo mejor que le pudo pasar fue terminarse- y el avance hacia nuevos -¿mejores? eso sólo el tiempo lo dictará- horizontes educacionales. Además, siendo sincero, nunca he tenido gustos musicales excelsos. Y como soy un desfachatado, y las convencionalidades las tomo a costo para cuando me sirven y cuando no las desecho, voy a cantar, a mi puro estilo nomeimportanadaquepuedaimportaraotrossinimportarmeamí, terminaré esta entrada cantando un pedacito de las dos:
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"Tengo un ticket sin regreso, y un montón de sueños dentro de un beliz... mucho miedo y muchas ganas de poder vivir"; "Si censuran tus ideas ten valor... siempre alza la voz".
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¡Salud!

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