viernes, 25 de enero de 2008

Por ahorrarme el peluquero, me cortaron mal el pelo.

Me han cortado el pelo. Esta primera afirmación, por simple que parezca, contiene tan profundos significados como vocales hay en el alfabeto. Si no me creen, tendrán que echarle un vistazo entonces a esta entrada. .
A. De "Abducción". Si de por sí soy macrocéfalo sin remedio, cuando me cortan el cabello parezco ser humano abducido por alienígenas para experimentar con él. Me dicen mis informantes que no sea tan cruel conmigo, que qué tanto son tantitos centímetros... ¡claro, como ellos no saben lo que es quererse comprar tejanas y gorras y que nada de nada le quede!
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E. De "Economía". 60 pesos por un corte de pelo. Sí, leyó usted bien, amado de la greña que hace siglos no visita una peluquería: ¡la amable señorita estilista me cobró sesenta pesos por reducir el tamaño de mis brotes capilares! Ya no hay moral. Sube la tortilla, sube el pan, sube la leche, suben los huevos... a este paso uno terminará hambriento y greñudo sin remedio.
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I. De "Ignominia". La trasquilada la paso, pero los jaloneos, los tirones y la oreja casi rebanada -sí, como de pelea con Mc Tyson- a mí me suenan a complot ignominioso en mi contra. Quiero decir que ya he interpuesto una demanda en la Comisión Nacional de Protección al Perro Greñudo en contra de esas señoritas que, identificándose como "estilistas", no tienen sentido ni de la estética, ni del dolor, ni del sufrimiento humanos. ¿Que le baje? ¡Cómo no, con mucho gusto!
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O. De "Oligarquía". Vuelvo a la letra E. ¡¿Sesenta pesos?!, y todo porque no he tenido tiempo de prepararme y aprender a cortar mi propio pelo. No sería mal que alguien escribiera uno de esos libros "Hágalo usted mismo" que se llamara Corto mi pelo, me peino... ¡y estoy exhausto! No, olvídenlo, eso podría generar regalías para sus verdaderos escritores: ¡estilistas! No cabe duda que se aprovechan de que somos muchos los gobernados y pocos los gobernantes. ¡Muera la clase dominante! ¡Viva la France!
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U. De "Us' ya qué". Porque no queda de otra. Mi pelo seguirá creciendo -gracias a Dios, los benditos ángeles y, sobre todo, mi variada dieta rica en proteínas- y con él seguiré yendo a visitar a los oligárquicos ignominiosos que tan terribles acciones emprenden en mi contra. ¿Yo qué mal les hago que no sea por escrito?
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Ya es viernes, toca y... ¡salud!

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