martes, 29 de enero de 2008

¡Ay, México, ya me volviste a dar!

"Yo no soy letra de cambio, ni moneda que se entrega, que se entrega con cualquiera, como cheque al portador". Tal es el verso que, a mediados de los años cincuenta, Emma Elena Báldela compuso con singular sentimiento. ¿La canción? Cheque en blanco. ¿La interpréte más cotizada de la misma? Paquita la del Barrio (pues si ella no, ¿quién?)
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Me llegan rumores lejanos al escuchar esta canción. Me dicen -los rumores, porque mis informantes han estado algo ineficientes los últimos días, con eso de la recesión estadounidense- que un "algo" que llevo tiempo pensando no está del todo fuera de lugar: antes, las canciones eran más sentimentales.
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Alguna de despecho, como Cheque en blanco, o Perfiria, o Desdén, o Arráncame la vida, o todas ellas juntas, no son más que héroes lejanos, habitantes de un pasado musical en que el país vertía las injusticias históricas y las consagraba en canciones. Los cincuentas, los de la Época de Oro del cine mexicano, el milagro mexicano, la explosión demográfica de las grandes ciudades, fueron también los años del caudillismo en el poder mexicano, la instauración de un partido único en el gobierno nacional y, quizá con él o a pesar de él, la llegada a nuestro "estilo personal de gobernar" de términos como "mordida", "favorcito" y "tapado-dedazo". Por ende, fueron los años en que el país se dio el lujo de componer -bueno, no todo el país, claro, que esto nunca ha sido un hervidero de talento- canciones más inspiradas, más melancólicas, más temperamentales.
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Pienso en una canción mexicana famosa de los últimos años que lleve como tema el desdén. "Vete ya, si no encuentras motivos, para seguir conmigo, ¿para qué continuar?", ¡no!, ¡no!, mis informantes la siguen regando. Algo un poco menos "nasty". "Sobreviviré, claro que sí, contigo o sin ti". Bueno... no es famosa, pero de eso a Valentín Elizalde... Ahora coloquemos esa frase junto a un "Arráncame la vida, en el último beso de amor, arráncame la vida, y si acaso te hiere el dolor, ha de ser de no verme, porque acaso tus ojos me los llevo yo". No, verán, no hay idea.
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No abogo por el regreso de expresiones más románticas -pasionales- en las canciones. Creo, en serio, que las expresiones artísticas -canciones, libros, pinturas- son reflejo directo del sentimiento nacional -o del grupo social/estrato al que pertenece el artista, al final no desligado del común nacional- y con ello, del estado -económico, social, cultural- del país. Si el romanticismo artístico de los cincuentas poseía obvia relación con el avance irreflexivo de la nación y su corriente estabilidad -se componía bien y bonito porque había tiempo de filosofar-, nuestras composiciones sosas, vacías, de hoy, son reflejo de la poca reflexión que guía nuestros actos y el poco tiempo que tenemos de pensar en lo que oímos. Poca poesía, mucha administración.
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Si bien no podemos regresar a expresiones artísticas más reflexionadas y reflexivas, pues eso sería detenernos en la carrera capitalista y globalizante que rige nuestro entorno económico y cultural, y con ello, retrazarnos en la lucha de ser, como lo llamaba Octavio Paz, ser "contemporáneos de todos los hombres", sí debemos, sin embargo, reflexionar sobre el nuestras propias expresiones y aprender de las de antaño. Si no les llegaremos a los tobillos, pues por lo menos podemos construir nuestros propios pies.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Hello, and welcome to my room, theres no easy way out... y ahora estoy, perdido entre mañanas con tres soles...tu piel y tu forma de ser cometen ese crimen que se llama mujer...perdí mis manos por querer ocarte siempre...dime si me estoy volviendo loco, dime por favor si a ti te pasa igual...me da miedo que pase de moda la minifalda y ya no me puedas ver las piernas...